Previsiones un tanto tontas, pero que, dadas las circunstancias, hay que tomar. Escoger la ropa idónea. Que sea tan discreta que un matorral del monte junto a la carretera de Monterrey a Reynosa resulte menos llamativo que tú. Si acaso una patrulla zeta te detiene no debe considerar que eres enviado de la Contra exploran­do su territorio. Aplica lo mismo si te paran los que llevan uniformes oficiales.

Pasas por restaurantes carreteros de viejo esplendor, ahora con sus paredes resquebrajadas y las ventanas rotas y solitarias, después por instalaciones de la policía federal relucientes, en las que tampoco hay absolutamente nadie a la vista esta mañana. Hace rato que en los caminos del noreste de México se cierran comedores a la misma velocidad que se abren cuarteles. En la radio, un corrido norteño te invita a que vayas a votar este 1 de julio.

La cajera de la autopista, en la caseta de Cadereyta, te devuelve tu cambio con un rasguño accidental. A las ocho de la mañana sus uñas largas están recién pintadas de color rojo menstrual. De Cadereyta a China casi no hay autos. Topas más lugares fantasma a la orilla del camino: exvulcanizadoras, exranchos, excasas...

El escáner de la radio del coche capta una sabrosa cumbia cristiana que ponen en una estación de Díaz Ordaz, Tamaulipas. En el Seven Eleven, junto a la Garita de Reynosa, hay dos camionetas estacionadas de la compañía Schulemberg.

Vendedores de bolsas de camarón seco con sobres de salsa botanera extienden sus brazos a los tripulantes.

Hay poca gente por aquí. Pero es gente real, no hologramas académicos ni milésimas porcentuales electorales del PREP. Gente a la que nunca le oirás usar la palabra democracia en su habla. Las casillas de su vocabulario están ocupadas por otras palabras más importantes: “la renta”, por ejemplo; o “levantón”, o “las axilas”, o “la tanda”, “o el pasaje” o muchas otras más.

Diez hombres en bicicleta y vestidos como si anduvieran en el Giro de Italia, pero que van tan lento que no han de ser ciclistas profesionales, recorren la carretera tamaulipeca.

Ahora en la radio hay una mesa de debate entre analistas de Reynosa. Acaba de estallar un coche-bomba en la vecina ciudad de Nuevo Laredo y ellos hablan de las inundaciones que dejó un chubasco en Matamoros.
Es grave lo del chubasco. Hasta en Reynosa hubo estropeos. En una taquería que está por el Coppel se coló el agua por el techo de la letrina y se inundó el hoyo para hacer las necesidades. No se puede ir al baño.

De Reynosa a San Fernando hay un granero y una gasolinera abandonados. Resalta pintura de grafiti tan brillosa que parece que fue usada hace una hora para poner: C. D. G. Las siglas del cártel del Golfo. El monte que has visto a lo largo del trayecto se transforma aquí en un paisaje de cosechas verdes. Es un verde distinto al verde de los convoyes militares que también pasan seguido.

Ya en San Fernando platicas con un amigo que acaba de ir a votar. Hablan de muchas cosas. Recuerdan el caso del extesorero municipal que fue a Estados Unidos a pedir refugio político, se lo negaron, regresó a San Fernando y, como nada es imprevisible aquí, lo mataron. Se llamaba Saúl de Anda.

En el restaurante Pizza Beats, propiedad de un suizo casado con una sanfernandense, preguntas si hay chistes típicos del pueblo. Parece que a San Fernando le queda un poco de cruel autoironía. Después de que en marzo de 2011 fueran desenterrados los cuerpos de casi 500 personas (oficialmente se dijo que eran menos), algunos chicos ponían en sus páginas de Facebook: “Ven, San Fernando te espera con las fosas abiertas”.

PD.
LÍDERES Y VÍRGENES

Al día siguiente de la elección, en Reynosa te contarán otro chiste igual de brutal, pero con el añadido machista: “Aquí en Tamaulipas todos los gobernadores luchan contra el narco... Y también, aquí en Tamaulipas todas las mujeres son vírgenes”. (Imaginar luego la risa estentórea del autor).

La comidilla del momento, aunque se les menciona poco en diarios y radios, son los tres exgobernadores acusados de vínculos mafiosos. Uno de ellos, Manuel Cavazos Lerma, perdió la elección para senador. Los otros dos, Eugenio Hernández y Tomás Yarrington, no se sabe dónde votaron, si es que se animaron.

En Tamaulipas, que junto con Nuevo León y Veracruz es donde principalmente se padece desde febrero de 2010 la guerra de los Zetas, el PAN no sólo pudo ganar (amén Guanajuato), sino que arrasó. Además de la senaduría, se quedaron con seis de ocho diputaciones federales y Josefina Vázquez Mota obtuvo más de cien mil votos que Enrique Peña Nieto. ¿Por qué?

POSTAL:
DHARMA

En un predio ejidal no muy lejano del Palacio Municipal de San Fernando están las fosas. Una de las máquinas de guerra que operan en esta región retenía y torturaba a sus víctimas en casas de la contigua colonia La Ribereña y luego las enterraba aquí. Cinco fosas fueron descubiertas en marzo de 2011, pero la gente dice que hay muchas más a lo largo del valle.

Es una tierra chupasangre a la que te lleva un camino que el 1 de julio está lleno de zopilotes. También hay basura, campos arados y aguas anegadas alrededor. San Fernando es un camposanto, dijo Javier Sicilia. No lo sé.

A esta hora –la hora mágica, le dicen los fotógrafos poetas al atardecer y su luz perfecta– hay un fulgor desafortunado iluminando las alas de las nauseabundas aves carroñeras que parecen un cliché inventado para este texto, pero que es cierto –y es patético que sea así– que están aquí, frente a ti.

No fotografías a los zopilotes. No quieres añadir­le horror al horror de las brechas de San Fernando, donde hoy hay silencio. Un silencio rabioso, porque éstos no son caminos espirituales como los de Vagabundos del dharma, de Jack Kerouac.