Un concepto poco comprendido.

Uno de los ámbitos en donde es muy fácil reconocer las enormes deficiencias que acarreamos como sociedad para trabajar en equipo es en el laboral.

Muchas estructuras en el trabajo se comportan como una réplica de nuestros modelos de primaria o secundaria donde en lugar de verdaderamente conjuntar esfuerzos, puntos de vista, ideas, objetivos y acciones, la tarea se reparte en fragmentos para cada miembro del equipo y después todo se pega como un Frankenstein sin armonía. Como reza el dictado popular: cada uno ve para su santo.

Esto se deriva, de nuevo, de una altísima inmadurez emocional, pues mucho de nuestro individualismo para actuar viene de la necesidad de reconocimiento y apro­bación y, por lo tanto, de competencia para sentir validación.

Entonces no se promueven las acciones conjuntas, los valores solidarios, las negociaciones de común acuerdo, las fábricas de ideas donde de muchas mentes se conforma una sola que le pertenece al conjunto y que, por lo tanto, abraza las necesidades comunes. Nos comportamos como niños berrinchudos, si nuestro esfuerzo no es premiado o si no captamos la atención.

De ahí se derivan actitudes como el servilismo en lugar del servicio, la sumisión en lugar de la humildad, la reacción en lugar de la respuesta, el sabotaje a otros, el juego sucio, decir sí cuando queremos decir no y viceversa, la obediencia en lugar de la ejecución comprometida, el autoritarismo en lugar de la autoridad y la imposición en lugar del liderazgo.

Son muchos y nefastos desórde­nes los que devienen de nuestra muy precaria manera de trabajo en equipo y, a su vez, ésta proviene de otros gran­des abismos, como nuestra corta edad emocional y, por lo tanto, falta de responsabili­dad, de compromiso y de visión para el bienestar común.

Queremos la estrellita en la frente en lugar de la satisfacción personal de un logro profesional basado en la experiencia creativa y la resolución efectiva. Nuevas tendencias en la administración incluyen al desarrollo humano como parte del buen desempeño de los empleados, pues la vieja idea de ser sujetos que sólo producen números ha generado más pérdidas que ganancias, ya que para crear equipos efectivos se debe examinar que los individuos comprendan una nueva visión como adultos responsables.

En general, a nivel social tendríamos que examinar detenidamente las actitudes que se ocultan detrás de la deficiencia en un trabajo conjunto y atacar los puntos que son el origen verdadero de que no sepamos actuar en comu­nión con otros ni para otros.