El 15 de septiembre a las once y diez de la noche el presidente Felipe Calderón, con bandera en mano, gritó algunos vivas que nos enchinan la piel. Esos vivas inundaron el Zócalo completito con el potente sonido ambiente. Inundaron más que la lluvia que en ese instante arreció. Se puso a llorar el cielo.

Por los tremendos vivas a Hidalgo, Morelos, la Corregidora, los Galeana, los Bravo… se dejaron de escuchar los otros gritos, los del #YoSoy132 –o lo que queda de ese grupo–. Abajito del balcón presidencial los chavos con su manta de “fraude” gritaban y gritaban, pero terminaron por momentos ahogados por los abucheos de todos los demás que fueron al Zócalo a dar sus gritos. ¡Y cómo no! La raza iba a gritar de orgullo –de soledad, diría Octavio Paz– por ser mexicanos. “Mexicanos” lo que quiera que eso signifique. La banda fue a la plancha a echar tragos, a aplaudirle a la bandera, no a sabotear el festejo. Ese momento no era para gritar en contra de ningún copete, el pueblo fue para gritar vivas por lo que está encima de todos los peores políticos: México. A pesar de los pesares.

Entonces empezaron los truenos y los ratatatatatatatata… que en esta ocasión no fueron balazos, sino cohetes. El Zócalo se iluminó. Pero nadie se asustó por los truenos que recuerdan cosas feas; más bien sonreímos. 

Pregunté por algún reporte de atentado en algún lugar de México: “Sin novedad”. Qué bueno. Viva, así sin signos de exclamación.

Pero ya sabe que nunca falta la mosca en el pastel, por esas horas supimos del tétrico hallazgo (unos dicen, es cosa de todos los días) de 17 cadáveres en Tizapán, Michoacán, el estado donde nació el que gritaba ¡Viva México!, el que sonaba la campana de la arenga desde el balcón de Palacio Nacional.

Todos los cadáveres eran hombres, encadenados, amarrados, con signos de tortura. ¿Viva México, cabrones?

Me puse a pensar lo que días antes nuestro presidente electo, Enrique Peña Nieto, dijo sobre “los amigos”. Peña dijo, el 10 de septiembre ante los líderes del país, que “El Presidente de México… no tiene amigos”, entonces se oyeron los aplausos, mas no vivas. Todavía.

Días después tuvo que aclarar lo que quiso decir “(El Presidente), más que de amigos, necesita de aliados; porque trabaja para México, cumple y responde al único interés que es el de la República”.

Y la “República” es muchas cosas. De pronto se me ocurre que es descabezados, cadáveres, gritos de viva, gritos de fraude, gritos de República fallida, gritos de hambre, gritos por la impunidad, gritos por la corrupción, gritos por pobreza, gritos por censura, gritos por los desaparecidos…

El presidente Peña Nieto dice que necesita “aliados”, no “amigos”, aunque su equipo de transición –y no dudo que su gabinete– esté repleto de amigochos. Pero en el combate a lo que provoca los peores gritos en México (lo que será su guerra contra el crimen) los aliados no son suficientes, porque, como dijo George W. Bush cuando comenzó su guerra contra Bin Laden y habló de los aliados de EU “están con nosotros… o contra nosotros”.

¿A eso se refería Peña Nieto cuando dijo “aliados”? Si no estamos de acuerdo con él, ¿estaremos en su contra? Los gritos que se escuchan todos los días en México, están en su contra ¿le interesará volverlos “aliados”? ¿Nunca serán gritos “amigos”?

Trapecista

Ciro Gómez Leyva, el periodista estelar de Milenio Televisión, ya no quiere conducir su noticiero en esa televisora. Razones son varias, principalmente el desgaste que le dejó el pasado proceso electoral con la publicación de las encuestas fuera –muy fuera– de rango en conjunto con GCE. Las siguientes semanas el respetado Ciro se tomará vacaciones y en su lugar se quedará Carlos Puig, que con su credibilidad, prestigio y experiencia merece quedarse con el espacio definitivamente. Están en eso los dueños de Milenio, pensándole y pensándole.

Domador

No es casualidad. El presidente Enrique Peña Nieto está contento. Todo le está saliendo a pedir de boca, por lo menos eso parece tras compartir el pan y la sal con los líderes del PAN, incluido Calderón y terminar siempre sonriendo. Ahora le toca a los perredistas, porque los gobernadores y líderes legislativos de ese partido sí se quieren sentar con él para acordar cómo sacar este país adelante.