Desde hace más de 70 años, Eric Arthur Blair mejor conocido como George Orwell lo advirtió: el abuso del poder corrompe a los que lo poseen y genera avaricia y traición.

Aunque esta teoría del escritor británico significaba más bien una crítica para el totalitarismo soviético y de la Alemania nazi, bien podría aplicarse hoy en día a lo que vive el partido en el gobierno.

Desde hace unos meses y desde la cúpula del PRI, se vienen emitiendo una serie de señales –con ecos en el Congreso y en diversos pesos pesados del tricolor– de una rebelión contra el que, en teoría, es su jefe supremo: el presidente Enrique Peña Nieto.

La más reciente es la oposición que en el Congreso enfrentará la iniciativa presidencial sobre el matrimonio igualitario, la cual pretendía dotar de todos los derechos a las parejas del mismo sexo, incluido el de la posibilidad de adoptar.

La iniciativa fue presentada apenas el 17 de mayo en el marco del Día Nacional de la Lucha contra la Homofobia y tres meses después, el PRI desde el Congreso ya salió a decir que no es un tema prioritario, por lo que su destino será, literalmente, la congeladora legislativa.

Pero la rebelión priista contra su líder máximo tiene más antecedentes, que nadie vio en Los Pinos o no lo quisieron ver. Hace apenas poco más de un mes, el Bronx priista también se rebeló ante una decisión de Peña Nieto, cuando fue designado Enrique Ochoa Reza como el sustituto de Manlio Fabio Beltrones en la dirigencia nacional del PRI, (mostrando nuevamente ante la ciudadania la falta de valores democráticos que se vive en ese partido). En voz y escritos de algunos ex gobernadores y líderes, se exigía declarar desierto el proceso de sucesión, a fin de evitar el “dedazo” presidencial. En dichos escritos se pedía abrir el proceso para que fuera la militancia la que eligiera a su nuevo dirigente. El peso del jefe se impuso y el ex titular de la CFE despacha desde la sede de Buenavista, pese a quien le pese.

Pero la rebelión sigue y sigue. Hace dos meses, el coordinador del tricolor, Emilio Gamboa Patrón, ordenó a sus compañeros de bancada frenar la iniciativa presidencial sobre mariguana –enviada en abril pasado–, particularmente por el aumento en la portación de dosis, que de 5 gramos se proponían 28 gramos.

La orden en el Congreso de la Unión, pues aunque el tema pasó la aduana de la Cámara alta, en San Lázaro la mandaron a la congeladora.

En el olvido quedó también, en su mayoría, el decálogo que el Presidente envió con urgencia al Congreso de la Unión en materia de seguridad, tras las omisiones de su gobierno en la desaparición forzada de 43 normalistas de Ayotzinapa.

Pareciera que la rebelión no acabará y que la única coincidencia en el PRI-gobierno es en que perdieron el control de la administración y en la urgencia de que el sexenio termine.

La rebelión dentro del PRI contra el jefe del ejecutivo se asemeja a la Rebelión en la granja, fábula satírica que George Orwell escribió durante la Segunda Guerra Mundial y que publicó en 1945. En ella, narra la convivencia en una granja, donde los animales toman el poder, expulsan a los humanos para formar su propio gobierno, el cual acaba convirtiéndose en una tiranía cruel, donde prevalecen la avaricia y la traición.

Deberían voltear a la oposición y aprender del PAN, cuyo dirigente Ricardo Anaya, en aras de la unidad, confió en Guadalupe Murguía y Javier Bolaños para hacerse cargo de la presidencia de la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados en su segundo año legislativo, el cual arranca el 1 de septiembre. Eso es estrategia, esa es unidad.