Damián Álvarez siempre tuvo en el futbol mexicano un aprecio muy grande. Sus regates, desbordes y goles lo hicieron el cambio de lujo de Pachuca, equipo de sus amores.

Cuando Tigres lo contrató para reforzar a su ya de por sí millonaria plantilla creyeron se había llevado las perlas de la virgen, sin embargo, al jugador argentino le ha costado adaptarse a su nueva vida en Nuevo León.

Ha jugado cinco partidos de inicio, de los seis que ya se consumieron este torneo. Lleva un gol en su cuenta individual, áquel que le metió al América en el empate a un gol, pero le falta la chispa y encare de sus mejores momentos.

El próximo sábado tendrá el primer choque de garra y lucha, cuando Tigres se mida a Monterrey en el cásico regio. Como jugador de experiencia se le exigirá, aunque dice que no es héroe, sólo "un simple jugador".

Aunque todos están vueltos locos por este juego a muerte, él siente que es un partido más, aunque lo mejor sería darle una gran alegría a la afición. Se ve tranquilo, ojalá que cuando salga al campo se convierta en un tigre violento y no se quede en un tierno gatito.