Por Fahrenheit Magazine


Con una longitud de aproximadamente 110 km, el metro de Estocolmo, conocido como Tunnelbana, se ha vuelto uno de los mayores atractivos turísticos en Suecia. Considerado como la galería más grande del mundo, el metro de Estocolmo alberga obras de 150 artistas a lo largo de sus 100 estaciones.

Desde su inauguración en 1950, autoridades y partidos políticos tuvieron un claro empeño en que el arte estuviera a disposición del público.  Los artistas Vera Nilsson y Siri Derkert fueron los impulsores de esta idea. La respuesta política llegó en 1955 cuando el Ayuntamiento de Estocolmo dio el visto bueno para instalar arte en el metro y en el año 1957 la estación T- Centrale albergó las primeras obras de arte. 

Así, las distintas esculturas, pinturas, mosaicos, instalaciones, inscripciones y relieves que integran este medio de trasporte urbano, se pueden observar por el precio de un boleto de metro. Muchas de sus estaciones han mantenido las paredes naturales de roca, creando una sensación prehistórica en el visitante, que se ve contrarrestada con obras de arte moderno.

El arte en el metro de Estocolmo es dinámico y ha brindado la oportunidad a nuevos artistas de exponer en sus instalaciones. Hay seis estaciones donde el arte se va reemplazando constantemente a lo largo del año. Algunas de las estaciones habilitadas para trabajos temporales son Zinkensdamm, Skanstull, Odenplan, Slussen, Fridhemsplan y Gärdet.