“Lo que se ve no se pregunta”. Fue así como el Divo de Juárez desafió a una sociedad homofóbica, machista, la cual a sí misma se considera abierta. Incluyente sí, pero aplican restricciones.

Depende de la preferencia sexual, es el trato o el mérito que debe recibir un ciudadano, es una verdad. Y es de llamar la atención, ya que en los últimos meses los temas de la agenda de la comunidad LGBTTTIQ se han discutido y ganado terreno socialmente. Sin embargo, son oprimidas por partidos políticos o sectores conservadores del país. El claro ejemplo fue esta semana dentro de la sesión parlamentaria del PRI, se rindió un minuto de aplausos a Juan Gabriel, para que en minutos posteriores fuera desechada de la agenda parlamentaria el álgido tema de los matrimonios igualitarios.

JuanGa, al igual que artistas como Salvador Novo, fueron la excepción a la regla en un país conservador. Sí, tuvieron que vivir su homosexulidad a regañadientes, en lo que Carlos Monsiváis denominó como “un clóset de cristal”, mismo aspecto que pasa a segundo plano cuando lo que destaca es su obra, que generosamente alimenta al imaginario mexicano.

Es por eso que las palabras del ahora ex-director de TV UNAM, Nicolás Alvarado –en su columna de Milenio– causaron eco y animadversión, ya que en pleno duelo colectivo incluyó en un texto que quiso impregnar de ironía las palabras: “lentejuelas”, “jotas” y “nacas”, en una peligrosa sintaxis, combinación que le costó una lluvia de reclamos. Palabras que recuerdan a aquellos “intelectuales” que se desgarraban las vestiduras porque Juan Gabriel –un artista del pueblo– se presentara en el máximo recinto del arte. Irónico, cuando él mismo no tenía empacho en codearse con las élites “culturales” y “políticas” de la época. Fue elogiado por Monsiváis y Poniatowska (que son referente de lo intelectual) e, incluso, cuando se desató la protesta de los trabajadores del INBA por dicha presentación, se manifestó en favor de sus “colegas” que buscasen pisar escenarios como La Scala de Milán, postura que ayudó a que JuanGa se echara a la bolsa a sus detractores.

Al final, la turba levantada contra Nicolás fue a partir de un conflicto entre clases e ideologías: el tema de la homosexualidad velada de Alberto Aguilera Valadez pasó a segundo plano por la defensa colectiva de saber que los restos –no las cenizas, sino el legado– de Juanga le pertenecen al pueblo, antes que a los intelectuales. Aún muerto, el Divo de Juárez va a seguir causando los revuelos acostumbrados con respecto a su vida y obra. JuanGa sabía su posición, un esnob normalmente no sabe que no sabe.