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“Doggy bag” la forma más chic para pedir las sobras de comida

La llamada “doggy bag”, literalmente la bolsa para el perro – ya que por ahora no parece que haya tenido éxito una traducción al castellano ni al italiano – y que se pide en los restaurantes para llevarse la comida que no se haya consumido, es algo muy habitual en muchos países, pero no en Italia.

El motivo es simplemente porque se avergüenzan de pedir las sobras.

La verdad es que las tradicionales bandejas de aluminio y las bolsas de plástico donde los restaurantes suelen devolver la comida no invitan a pedirlas.

P or ello, Comieco, un consorcio italiano para el reciclaje de papel y Slow Food, la fundación italiana que defiende la biodiversidad y la buena alimentación, han lanzado la iniciativa “Doggy Bag. Si sobro cómeme”.

El proyecto prevé que estas bolsitas de papel decoradas se encuentren a disposición en 100 de los restaurantes que participarán durante toda el semestre de la Exposición Internacional de Milán, que en esta edición se ocupa justamente de alimentación.

Asimismo, desde esta semana también 75 restaurantes de Milán y la región de Lombardía se han adherido y las propondrán a sus clientes, en espera de que la iniciativa se extienda por toda Italia.

 También para ir a trabajar

El proyecto consiste en sustituir el tradicional y poco atractivo aluminio en una “doggy bag” reciclable, en la que además de su función inicial pudiera servir después para otras cosas, como llevar la comida al trabajo.

Estética, ergonómica y funcional, estas son las pautas con las que los artistas trabajaron para este proyecto.

Las Bolsas de papel reciclado han sido creadas por los diseñadores italianos Giulio Iacchetti, Matteo Ragni, Chiara Moreschi y dibujadas por Olimpia Zagnoli, Beppe Giacobbe y Guido Scarabottolo,

Las “doggy bag” tienen diferentes formas y tamaños, pues también se incluye la versión para llevarse la botella de vino, y están decoradas con dibujos geométricos y de colores vivos o con viñetas divertidas.

Además de sensibilizar por una parte al reciclaje del papel y al desperdicio de alimentos, también las bolsas están llamadas a convertirse en uno de los objetos de culto de la Expo de Milán.

“Nuestro intento es el de implicar a clientes y restauradores en una operación que conjuga una síntesis de ética y estética donde la belleza es el vehículo y además sinónimo de sustancia, para fomentar además un cambio de paso cultural”, explicó el subdirector de Slow Food Italia, Lorenzo Berlendis.

Para el arquitecto Michele De Lucchi “se trata de objetos que valen además por la cultura que transmiten”.

Estilo y solidaridad

Por el momento, el consorcio que fabrica las bolsas ha asegurado que lo que se recaude con la venta de las mismas durante esta fase experimental se donará a favor de asociaciones dedicadas a la distribución de alimentos para los más necesitados.

Los creadores de la iniciativa están seguros que desde ahora “llevarse las sobras será una decisión chic

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