Era una mañana serena en el remoto Mar de Ross en la Antártida cuando el capitán John Bennett y su tripulación recogieron una criatura con tentáculos gruesos como mangueras de bombero y ojos como platos a un kilómetro y medio bajo la superficie.

Era un calamar gigante de 350 kilos, largo como un pequeño ómnibus, una de las especies marinas más esquivas. Estuvo congelado durante ocho meses hasta el martes, cuando los científicos en Nueva Zelanda tuvieron por fin la oportunidad de descongelar al animal y estudiarlo.

Se trata de una hembra, con ocho brazos de bastante más de un metro de longitud. Sus dos tentáculos hubieran sido tal vez el doble de largos si no se hubieran quebrado.

Kat Bolstad, científica especialista en calamares de la Universidad Tecnológica de Auckland, que encabezaba el equipo investigador, describió a la criatura como "muy grande, muy hermosa".

"Es un ejemplar esencialmente intacto, lo que nos da una oportunidad casi inédita de examinarlo", dijo. "Es una oportunidad espectacular".

Mucha gente en el mundo estuvo de acuerdo: unas 142.000 personas de 180 países observaron el examen en vivo a través del internet.

El calamar gigante suele habitar el mundo de la imaginación, ya que pocos se han visto a la luz del día.

Susan Waugh, del museo nacional de Nueva Zelanda, dijo que los científicos esperan averiguar más acerca del lugar de la criatura en la cadena alimenticia, la variación genética entre distintas especies de calamar y datos fundamentales sobre su vida y muerte.