Será una segunda vuelta de final incierto en las elecciones de Chile: este domingo, unos ocho millones de ciudadanos eligen quién los gobernará hasta 2014, en una contienda que ha sido calificada como la más reñida en la historia del país.

Según las últimas encuestas, sólo 1,8 puntos separan a Sebastián Piñera, candidato de la Coalición por el Cambio, de su oponente de la Concertación, Eduardo Frei. Una distancia que los expertos consideran empate técnico, por lo que pocos se atreven aquí a arriesgar un pronóstico.

A sus 60 años, Piñera es un empresario millonario que sustentó su campaña en una promesa: la de renovar el elenco político en el poder. "Súmate al cambio", arengó el hombre, miembro del partido Renovación Nacional, que integra la derechista Coalición por el Cambio junto con la Unión Demócrata Independiente (UDI) y otros partidos.

Frei, de 67 años, ya ha presidido el país entre 1994 y 2000 y lleva la bandera de la centro-izquierda. Milita en las filas del Demócrata Cristiano (DC), uno de los integrantes de la fuerza de gobierno que lleva 20 años perpetuándose en La Moneda: la Concertación de Partidos por la Democracia.

En primera vuelta, el hombre de la derecha obtuvo 44% de los votos, sobre 29,6% del aspirante oficialista. Fuera de la contienda quedaron el independiente Marco Enríquez-Ominami y Jorge Arrate, candidato del Partido Comunista.

Ánimos cambiantes

La encuesta de la consultora MORI, difundida el miércoles, fue la que reveló que la diferencia entre ambos candidatos se había achicado, respecto de lo que indicaban sondeos anteriores.

La noticia marcó un cambio de humor en el comando de Frei, a lo que ayudó también el apoyo público a su candidatura por parte de Enríquez-Ominami. Los votos de este ex rival fueron la presa codiciada para conseguir ahora "la mitad más uno".

Frei es quien necesita sumar la mayor cantidad de votos, y el fantasma del abstencionismo y el voto nulo le juegan en contra.

Lo cierto es que Piñera llegó al "gran día" con ventaja, aunque sea mínima, y en sus filas no cuestionan, al menos en el discurso, la certeza del triunfo.

De lograrlo, sería la primera vez que la derecha llega al poder por la vía democrática en 51 años.

De entrecasa

No se dieron tregua ni descansaron en el primer día sin campaña en muchos meses: horas antes de que abrieran los comicios, y en plena veda electoral, los dos candidatos aprovecharon para cruzar una última crítica.

"Amigos de la Concertación, les haría muy bien después de 20 años volver a vivir la vida normal y corriente de millones de chilenos. ¡Si no es tan malo levantarse temprano, trabajar en forma honesta… y sacar adelante a la familia", disparó Piñera, aunque sin mencionar a su rival.

La respuesta de Frei no se hizo esperar: le recomendó tomar Armonyl, un conocido fármaco sedativo.

"No siga insultando, mucha prepotencia y arrogancia no es bueno", agregó el aspirante del oficialismo.

Frei también aprovechó la ocasión para defender a la presidenta Michelle Bachelet, de la que se considera heredero. No es casual: la mandataria chilena tiene un índice de popularidad entre sus connacionales que ronda el 80%, y el hombre de la Concertación intentó hasta último minuto sacar rédito de ello.

Piñera, en cambio, criticó a la jefa de Estado por una alocución de días atrás, en la que ésta manifestó su apoyo por el candidato de su partido. Aunque predecible, esta preferencia no se había hecho pública antes porque así lo manda la tradición en Chile, donde el presidente guarda, en las formas, cierta distancia de los procesos electorales.

Vigilar cada voto

Desde las 7 de la mañana, y con unas 34 mil urnas distribuidas por los centros de votación, transcurre la jornada electoral a la espera de los primeros resultados, sobre las 19 (hora local), que revelen tendencias.

Son 8,2 millones de chilenos –la mitad de la población del país- los habilitados para sufragar, y desde los comandos de ambos candidatos se dio una instrucción precisa: tener la mirada puesta en el conteo.

Para garantizar la limpieza del procedimiento, las dos fuerzas en pugna promovieron el reclutamiento de "vigilantes" para cada mesa. Unos 37 mil para Piñera y 3 mil menos para Frei.

Según confiaron fuentes de la campaña a BBC Mundo, los voluntarios para el monitoreo se destinaron mayormente a las zonas sensibles, donde cada candidato es más débil o donde el rival sacó en primera vuelta un porcentaje de sufragios excepcionalmente alto.

Los ciudadanos esperan

Por tercera vez desde el regreso de la democracia, en 1989, Chile define unos comicios presidenciales en segunda vuelta y, en los últimos días, la incertidumbre sobre el final ha hecho crecer el fervor electoral en las calles.

"Vamos a despedir a una muy buena presidenta, que ojalá vuelva en el futuro. El desafío para el que queda es grande. Hay cosas que se tienen que ver y demostrar de todo lo que anunciaron, cualquiera sea el que gane", opinó Patricio Galeas al ser consultado por BBC Mundo.

"Espero que se cumplan las promesas, como la de mejorar la salud, el empleo, los sueldos. Ojalá que sean verdad… ¡es ahora o nunca!", coincidió Alfredo Canales.

"Lo importante es que sigue la democracia, que podemos tener la oportunidad de elegir y con el voto intentar mejorar la calidad de vida de los chilenos", concluyó Natalia Núñez.