Su carácter urbano y juvenil ha hecho del "skating" una práctica peligrosa: no tienen servicios médicos y no usan protección para la práctica.

Visitan al huesero porque, hasta el momento, "dejan chidos" a los skaters, pero también por el bajo precio que cobran.

Estos "médicos" citadinos curan lo mismo torceduras, luxaciones e incluso se atreven a meter mano a una fractura.

Los remedios van desde la pomada caliente, hielo y la ingesta de brebajes. Pero aunque sigan sufriendo heridas causadas por su deporte favorito no utilizan casco, rodilleras y coderas, pues "estorban" al realizar sus espectaculares piruetas.