Si el Monumento a la Revo­lución hablara, contaría sobre la lucha por la cual lleva el nombre, las manifestaciones y los conciertos que se produjeron a sus faldas, los curiosos que asistieron a su museo y las visitas que le hicieron para echar una mirada a la ciudad.

Sin duda, también narraría cómo pasó de ser un proyecto de Palacio Legislativo, a una conmemoración a la Revolución.

Ahora, tras casi siete décadas de que el arquitecto Carlos Obregón ideara hacer un homenaje con un monumento a uno de los hechos que hoy celebramos, éste sufre otra transformación: un elevador transparente.

Dicho elevador permitirá que los visitantes tengan acceso al mirador; mientras van 60 metros cuesta arriba, podrán observar las calles y avenidas que rodean al monumento.

Daniel Escoto, director de la Autoridad del Espacio Público, señala que se trabaja en cuatro acciones: la restauración del monumento, la rehabilitación de los pavimentos y de los jardínes, la remodelación y ampliación del Museo Nacional de la Revolución y un estacionamiento subterráneo para 700 vehículos.

“Todo esto es como un incentivo para una nueva movilidad en la ciudad, para el peatón, la bicicleta, el transporte público, y que el automovilista tenga las faci-lidades de estacionarse”, comenta.

Sobre la polémica del nuevo elevador, Escoto señala que el anterior no era accesible para todo el público, ya que no llegaba hasta la bóveda del monumento y, en ese caso, tendría que seguirse el trayecto por unas escaleras, lo que supondría un inconveniente para el público que no pueda acceder con facilidad a él, como las personas discapacitadas.

Todo estará listo para el 20 de noviembre, a excepción del estacionamiento.

México conmemora cien años de la Revolución Mexicana, pero también la creación de emblemas culturales e históricos como lo es este monumento que se erige a dos kilómetros del Zócalo