El bloqueo partidista que vive España desde diciembre pasado podría romperse, al parecer, sólo con la aparición de una sorpresa o medida drástica, que cambie las posiciones que han impedido la formación del gobierno, y se evite con ello unas terceras elecciones.

Tras perder la primera votación del debate de investidura celebrado esta semana en el Congreso de los Diputados, el jefe de gobierno en funciones y candidato del Partido Popular (PP) a un nuevo mandato, Mariano Rajoy, perdería este viernes la segunda oportunidad debido a ese bloqueo.

El actual rompecabezas político-electoral de España sólo se podría resolver con una medida que rompa las inercias que sostienen el bloqueo, a pesar de que nadie quiere aparecer como perdedor ni ceder en sus principios.

Las elecciones celebradas en diciembre pasado mostraron que la fragmentación del voto no dio mayorías a los principales partidos, el PP y el Partido Socialista Obrero Español (PSOE), y ambos fracasaron en su búsqueda de acuerdos con otras formaciones, principalmente la tercera Podemos, y la cuarta Ciudadanos.

Las diferencias ideológicas y programáticas entre izquierda y derecha, así como los personalismos, han impedido dos veces este año que tras ambas elecciones se conforme un gobierno siguiendo lo que dicta sistema parlamentario español.

De acuerdo con la ley, tras los comicios es el Congreso de los Diputados en democracia representativa el que elige al jefe del gobierno, con el voto de al menos 176 (la mitad más uno), o en una segunda ronda por mayoría simple, de más apoyos que en contra.

En marzo pasado, el líder socialista Pedro Sánchez perdió el debate de investidura, y en esta semana Rajoy vive su derrota al quedarse a sólo seis votos de la mayoría absoluta.

Mientras Sánchez sólo cosechó 132 votos entre el PSOE, la centroderecha Ciudadanos y Coalición Canaria, Rajoy sumó 170 con esas dos formaciones que son las únicas que han accedido a favorecer la investidura.

En las elecciones de diciembre el PP logró 123 diputados, y en los comicios de junio 137; el PSOE pasó de 90 a 85; Podemos con Izquierda Unida mantienen 71 en ambos comicios, y Ciudadanos bajó de 40 a 32 escaños.

El bloqueo que impide más apoyos, y con ello conformar gobiernos de amplias mayorías, ocurrió en marzo con el rechazo del PP a que gobernara el PSOE (que había quedado en segundo lugar), algo que ahora se lo cobra caro Sánchez a Rajoy con su negativa a apoyarlo.

Además, se suma un rechazo permanente y mutuo entre Ciudadanos y la izquierdista Podemos, que no quieren votar a gobiernos en el que el otro tenga un rol protagonista.

Rajoy no recibe el apoyo de otros grupos parlamentarios minoritarios nacionalistas que le exigen respetar sus proyectos independentistas, mientras Sánchez no quiere encabezar una alternativa con ese tipo de condiciones.

El “cara a cara” de esta semana entre Sánchez y Rajoy mostró lo alejados que están, y con ello cierran la posibilidad de un entendimiento que desbloquee la situación.

La derrota de Rajoy en esta investidura implica que se abren dos meses de plazo para que se intente un nuevo acuerdo de investidura, o cumplido ese tiempo se convocarán nuevas elecciones que, según el calendario establecido, se celebrarían el 25 de diciembre siguiente.

Las opciones para evitar nuevos comicios pasan porque Rajoy insista en su interés de contar con el voto del PSOE, o bien que Sánchez plantee al rey de España una alternativa, aun cuando eso implique que deba pactar con formaciones independentistas catalanas y vascas.

La siguiente posibilidad, que entra en lo inesperado, es que tras las elecciones locales en el País Vasco, Rajoy pueda negociar apoyos con el Partido Nacionalista Vasco (PNV) que hasta ahora se niega a apoyarle.

Entre lo sorpresivo y lo drástico, está la posibilidad de que el PP decida que Rajoy no sea más su candidato, y en su lugar quede una persona aceptada por el PSOE para una investidura, algo de lo que el mandatario en funciones no quiere ni hablar.

Como medida drástica, entraría una posible (aun vista como muy remota) decisión del rey Felipe VI de proponer un candidato alternativo que no sea ninguno de los actuales dirigentes políticos, pero que tenga el consenso para formar un gobierno interino.

Asimismo, está como probable la “solución a la catalana” que en enero pasado impidió repetición de elecciones en Cataluña, mediante la fractura en dos de los anticapitalistas de la Candidatura de Unidad Popular (CUP) para permitir un gobierno de los independentistas Juntos por el sí.

El ejemplo del caso catalán se entiende porque ambas fuerzas comparten el proyecto independentista, pero a nivel nacional las cuatro principales fuerzas no sienten que valga la pena romper sus principios y quedar como perdedores si se apoya “al otro”.

En caso de nuevas elecciones, los pronósticos indican que mientras el PP se acercaría más a la mayoría absoluta, el PSOE resentiría más en pérdida de diputados y el afectado sería Ciudadanos con una bajada en representación parlamentaria.

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