Las guerrillas de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) se comprometieron a romper cualquier vínculo con la actividad del narcotráfico y cooperar con acciones para combatir ese flagelo, aseguro hoy aquí el presidente Juan Manuel Santos.

“Sabemos que el narcotráfico ha sido un combustible de la guerra en Colombia y en el mundo. Gracias al acuerdo (de paz), las FARC se comprometen a romper cualquier vínculo con esta actividad, y a cooperar, con acciones concretas, para combatir este fenómeno”, señaló Santos.

Para el jefe de Estado colombiano, que participó este miércoles en el 71 periodo ordinario de sesiones de la Asamblea General de Naciones Unidas (ONU), “esto tiene un enorme simbolismo: quienes alguna vez protegieron los cultivos ilícitos de coca, pasarán a convertirse en aliados del Estado para su erradicación”.

Y algo similar pasará “con el tema de las minas antipersonal, que han causado tantas víctimas mortales, tantas mutilaciones, a soldados, policías, campesinos y niños”, subrayó.

El Estado y las FARC “trabajarán conjuntamente para lograr el desminado de todo el territorio nacional. Y todo esto tendrá –además– enormes beneficios ambientales, no solo para nuestro país sino para el planeta”.

“En la medida en que se sustituyan los cultivos ilícitos por cultivos legales, terminará la deforestación generada para sembrar coca. Ya no se verterán millones de barriles de petróleo a nuestros ríos y mares por causa de atentados a la infraestructura petrolera (...) Y podremos cuidar y preservar mucho mejor ese pulmón natural que constituye la Amazonia”.

“Mis antecesores buscaron –cada cual a su manera– la paz para los colombianos, una tarea que también asumí desde el primer día de mi gobierno, en agosto de 2010”, recordó.

Dijo que “hace un año –en este mismo podio– que esperaba volver aquí, en este año 2016, como presidente de una Colombia en paz, de una Colombia reconciliada”.

“Después de más de medio siglo de conflicto armado interno, hoy regreso a las Naciones Unidas, en el Día Internacional de la Paz, para anunciar –con toda la fuerza de mi voz y de mi corazón– que ¡la guerra en Colombia ha terminado!”.

El pasado 24 de agosto –en La Habana–, “los negociadores declararon que todo estaba acordado y adoptaron el texto final del Acuerdo para la Terminación del Conflicto”.

Cinco días después, se decretó un Cese al Fuego y de Hostilidades Bilateral y Definitivo, el cual “ha significado que –desde entonces– no haya habido un solo muerto, un solo herido, una sola bala disparada, por causa del conflicto con las FARC”.

El próximo 26 de septiembre –en Cartagena de Indias– se firmará oficialmente el acuerdo, y el 2 de octubre se someterá a un plebiscito para que el pueblo colombiano lo refrende.

A partir de ese momento -destacó- comenzará “la concentración de los miembros de la guerrilla en diversos campamentos, donde entregarán sus armas a las Naciones Unidas en un plazo de seis meses, e iniciarán su proceso de reincorporación a la sociedad”.

“Las armas -aseguró- se fundirán y se convertirán en tres monumentos a la paz: uno aquí, en Nueva York; otro en Cuba, la sede de los diálogos, y otro en Colombia. ¡Serán monumentos que nos recordarán que las balas quedan atrás, y comienza la construcción de un nuevo y mejor país!”.

Insistió que: “Ha terminado el último y más viejo conflicto armado del Hemisferio Occidental. América –el inmenso continente americano, con todas sus islas, desde la Patagonia hasta Alaska– ¡es ahora una zona de paz!”.

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El acuerdo logrado –luego de casi cuatro años de conversaciones públicas y “más de un año de aproximaciones secretas– es la mejor noticia para Colombia, para América Latina y para el mundo”, manifestó.

“Las FARC desaparecen como grupo armado, se reincorporan a la sociedad y podrán convertirse en un movimiento político dentro de la democracia”, subrayó Santos.

Fueron acordadas medidas “para garantizar su participación política, para brindar mayores garantías a la oposición, y para fortalecer la democracia y el sistema electoral en Colombia”.

“Este proceso de paz tuvo como principal característica que se centró en la protección y garantía de los derechos de las víctimas: a la verdad, a la justicia, a la reparación y a la no repetición”.

Para tal fin, “se pactaron mecanismos como una comisión de la verdad, medidas de reparación y restauración, y un completo sistema de justicia transicional”, continuó.

A juicio de Santos, “es la primera vez en la historia de la resolución de conflictos armados en el mundo en que un gobierno y un grupo armado ilegal –a través de un acuerdo y no por imposiciones externas– pactan una justicia transicional para someterse a ella”.

“Los responsables de crímenes internacionales y otros delitos graves serán investigados, juzgados y sancionados. Esto ha sido destacado positivamente por la Fiscal de la Corte Penal Internacional, por la propia Comisión Interamericana de Derechos Humanos, y muchas otras organizaciones y expertos”, apuntó.

“Estamos seguros de que este modelo de justicia –que se enmarca dentro de un sistema integral de garantía de los derechos de las víctimas, como lo establece el Estatuto de Roma– será un precedente útil para futuros procesos de paz”, aseveró.

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