Por Gabriela Munguía

Entre el frío desértico de Sinaloa, los implacables rayos del sol de Veracruz, la nostalgia por lo que se queda atrás, el miedo de lo que se ha de encontrar, pero con la esperanza como escudo, Eric Israel viajó prendido de La Bestia, apodo del tren de car­ga que atraviesa México hacia Estados Unidos.

En la travesía de este chico, para llegar al Gigante del Norte, le ha sido arrebatado su celular, unos cuantos pesos, los documentos que lo acreditan como ciudadano guatemalteco, pe­ro no la voluntad para viajar.

“Me he subido al tren aunque esté andando, la verdad, me da miedo, pero uno tiene que avanzar, ese es su destino”, señaló el joven de 19 años, moreno, bajito, delgado y atento.
Detuvo su paso para descansar en La Casa del Mi­grante Juan Diego, en Tultitlán, Estado de México (a unos 42 kilómetros del Distrito Federal) y mientras está de pa­so en este lugar trata de ayudar a quien le está dando posada, así que no deja de andar de un lado a otro limpiando, tirando la basura.

Es originario de Quetzaltenango, en Guatemala, uno de los departamentos con ma­yor flujo migratorio del mencionado país.

Abordó el tren en Chiapas, junto con su hermana y desde allí continuaron su trayecto. Viajaron escondidos entre las conexiones y en el techo del tren. “Sufre uno mucho, imagínese, temprano le cae el sol y en la noche le cae el sereno, a veces le da gripe a uno”, señaló.

De acuerdo a organismos civiles, los migrantes que realizan su viaje en tren, son los más pobres, porque no les alcanza para trasladarse en otro tipo de transporte.

Entre los riesgos que corren al viajar de esta manera, se encuentra el riesgo de caer a las vías al intentar subir o al momento en que las autoridades o “garroteros” intentan bajarlos del tren.

Cuando Eric trató de abordar el tren, se golpeó la rodilla, pero al llegar al albergue lo atendieron y ya se siente mejor.

Su compatriota Benito re­corrió el mismo camino que Eric, pero a diferencia del muchacho, él prefiere detenerse y re­gresar a su país.

“No creo que vaya para el otro lado, está muy canija la pasada. Me ha costado llegar acá. Lo más difícil ha sido el viaje en tren”, afirma.

Los migrantes que optan por este medio de transporte tienen que soportar los cambios de temperatura además de extorsiones por parte de algunos delincuentes y autoridades municipales y federales.

Y quienes no son extorsionados, son secuestrados. De acuerdo a datos de la Comisión Nacional de Derechos Humanos, entre 2008 y 2009, se reportaron 198 casos en los que se privó a 9 mil 578 mi­grantes. Tan sólo basta recordar el trágico final de los 72 migrantes que fueron asesinados en Tamaulipas hace un año.

Sin embargo, en su trayecto, Benito ha conocido a gente que le ha extendido la mano para ayudarle, como los guardavías del tren que le dieron algo para seguir adelante.
Detrás del cansancio reflejado en los surcos que ha marcado el sol y con casi 50 años, Benito dejó en Guatemala a “sus dos hembritas y a un varón” junto con su mujer que lo esperan y las tierras infértiles por el agua.

“Trabajaba en el campo, en la agricultura, pero allá pasa el agua de los ríos y se lleva lo de la agricultura, por eso la aventura de nosotros para viajar acá”, indicó Benito.

Según datos de la Encuesta sobre Migración en la Frontera Sur de México, 38 % de los migrantes con experiencia laboral previa pertenecen al sector agropecuario como Benito, quien a pesar de su condición de pobreza en Guatemala, prefiere regresar.

Como muchos de los migrantes que pasan por el país, Benito ha escuchado en las noticias lo difícil que es llegar a Estados Unidos y como otros, tiene miedo de seguir.

“Quería ver si podía luchar para pasar hacia el otro lado, pero aquí escuchamos en la tele que está duro pasar. Vine solo y ya no tengo dinero”, señaló Benito, a quien en su camino fue víctima de extorsión por parte de policías, quienes le quitaron su dinero y documentación y desde entonces, viene pidiendo para “el taquito”.

Benito prefiere regresarse antes de exponerse y dejar desamparados a sus “nenes” y esposa. Mientras Eric prefiere no quitar el dedo del renglón. La primera vez que dejó Guatemala para llegar a Estados Unidos, fue a los 14 años. Lo deportaron y otra vez emprende su travesía.

“De donde vengo hay trabajo, pero también mucha maldad. Hay secuestradores, Zetas, muertes, para qué arries­garnos, es mejor ir a Estados Unidos, a mejorar y estudiar”, mencionó este patojo de 19 años, quien espe­ra el paso de La Bestia por el Estado de México para prenderse nuevamente de ella.


LOS PROBLEMAS QUE HAY DETRÁS DE LA MIGRACIÓN
MARÍA ELENA JARQUÍN
DOCTORA EN SOCIOLOGÍA E INVESTIGADORA DE LA UNIVERSIDAD NACIONAL AUTÓNOMA DE MÉXICO

No es sorprendente que haya un flujo constante hacia Estados Unidos, cuando la región centroamericana presenta índices de marginación, pobreza, hambre e insalubridad muy altos.

La región se caracteriza por una escasa creación de empleos, por una alta corrupción, aunada a los altos niveles de violencia y que son en parte consecuencia de una guerra que se vivió en los años setenta y ochenta.

A esto hay que sumarle las secuelas de un modelo económico incapaz de distribuir la riqueza.
América Latina y especialmente Centroamérica tienen una concentración del ingreso extremadamente polarizada, donde hay un núcleo muy pequeño de la población que tiene un ingreso alto, que prácticamente concentra todo el ingreso del país y el resto de la población vive en condiciones prácticamente de pobreza extrema.

Sumado a la emergencia de fenómenos climáticos, el panorama es des­ga­rrador y el tejido social está roto.

LEY CON ENFOQUE HUMANO

Organizaciones civiles hacen énfasis en restructurar la Ley de Migra­ción, que corresponde a una actualización de la Ley General de Población.

“Es por supuesto un avance, pero no por ello tiene un tinte de Derechos Humanos”, señaló en entrevista para Publimetro, Sandra Albicker, del Centro Prodh Miguel Agustín Pro Juárez.
Precisó que es necesario que se creen los insumos necesarios para que las personas puedan transitar por el país, sin vivir de manera clandestina, ni temerosos de posibles secuestros.

“Las organizaciones hablamos de una visa transmigrante o la supresión de visas, es decir, que la gente que viene de Centroamérica pueda transitar por México libremente”, precisó la especialista.


A DETALLE

Se calculan aproximadamente que son dos mil 400 kilómetros los que atraviesan en tren los migrantes.

De acuerdo a la Encuesta sobre Migración en la Frontera Sur de México 2008, el 60 % de las personas de origen guatemalteco que atraviesan el país, no concluyó la educación primaria.

Entre el periodo de 2005 y 2010, se redujo el paso de migrantes centroamericanos por la frontera Sur, esto de acuerdo a datos del Centro de Estudios Migratorios del Instituto Nacional de Migración (INM). Esto se debe a factores como la violencia que se vive en algunos estados de México, así como a la crisis económica en Estados Unidos y al control migratorio que ejerce, así como a sus políticas.

La mayoría de guatemaltecos que buscan el sueño americano son originarios del Occidente de Guatemala.

Albergues, organizaciones civiles y la sociedad, extienden su mano para brindar apoyo a los migrantes en su paso por México.

Desde hace 15 años, en la localidad de Guadalupe, Las patronas son las mujeres que se posan al pie del tren para dar comida a los migrantes que viajan en él.