Los capitalinos se han olvidado el Reglamento de Tránsito Metropolitano.
Frente a las escuelas, en donde la velocidad máxima es de 20 kilómetros por hora, los niños corren de la mano de su mamá sorteando los autos, los cuales, incluso, no se detienen para pasar los topes.
Ante la falta de estacionamientos baratos, los vehículos se aparcan en las esquinas, impidiendo el paso de las personas; en las avenidas, los autos se detienen sobre las líneas peatonales y en las glorietas, nadie sabe o recuerda qué vehículo tiene la preferencia.
Para Areli Vázquez, integrante de la Asociación Civil Presencia Ciudadana, la cual ha trabajado en favor de los peatones, el problema es que los conductores no se consideran uno de ellos.
“El problema es que no nos sentimos peatones, y por eso no vemos la vulnerabilidad en la que nos encontramos, y de esa manera el uso de la calle se vuelve para el coche y no para el ciudadano”, comenta Vázquez.
Pero en México, sólo se necesita pagar el costo del documento y en cinco minutos, sin comprobar si el solicitante conoce o no el reglamento, se entrega la licencia. Es el trámite más rápido de la Ciudad de Mé-xico, de acuerdo a las propias autoridades.

























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