B estias de Satán que se lanzan sobre los pobres extranjeros que tratan de ayudarlos. A grado tal que casi se podría justificar la masiva presencia de militares de la US Army. Lo cierto es que Haití está ocupada. Mientras que Naciones Unidas se dedica a la elaboración de informes uno tras el otro, te encuentras soldados en sus carros armados que rondan las calles de Puerto Príncipe como si fuera Saigón, fusiles nivelados y mirada.

La gente, por su lado, los observa como si se tratara de locos. ¿Por qué carajos van en las calles así armados? Cuestión delicada. Estos famosos disturbios populares ¿tuvieron lugar o no? Para contestar podemos tratar de cocinar un platillo.

Tomemos cientos de miles de personas que se quedaron sin nada, que ni siquiera encuentran comida y agua. Juntemos frustración y resen­ti­miento hacia una comunidad internacional que no es capaz de organizar la distribución de la ayuda, que diario aterriza en el aeropuerto y se queda ahí.

Agreguemos los marines, quienes, sin avisar a nadie, decidieron lanzar con paracaídas los simpáticos paquetitos con sorpresas alimentarias dentro. Si yo fuera un jefe de una pandilla armada y veo que me llueven ayudas del cielo, sin ningún control, pues obvio me lanzo a acaparar todo; y si puedo robarle y cobrarle a mis compatriotas. Y entonces lo hago. Y amenazo de muerte a los demás. Porque negocios son negocios. Y esto ocurrió.

Reiteremos la operación hasta que se obtenga un disturbio popular y servir a temperatura ambiente.

Pero si no hay violencia, si no hay disturbios, si no hay derrame de sangre, si el mundo no lo piensa, si los medios no lo evidencian, pues, ¿cómo se justificarían entonces los miles de soldados? ¿Cómo se justificaría el golpe de mano del Ejército?