Los nombres pasan a segundo lugar, por­que en la calle lo que “rifa” es el apodo. Chiquis, Mele y Neto son menores de edad que apren­dieron a de­linquir para ir a fiestas o comprar alcohol y dro­gas. Pero el camino a la delincuencia lo aprendieron con familiares o amigos.

La Procuraduría General de Justicia del DF refiere que durante 2010 se puso a disposición del Ministerio Pú­blico a tres mil 383 adolescentes, de los cuales 24 por ciento fue por robo a transeúnte.

La Ley de Justicia para Adolescentes del DF establece que sólo a partir de los 14 años los jóvenes pueden ser internados en alguna comunidad, lo que antes era el tutelar de menores.

La directora de la Comunidad Varonil de Diagnóstico, Cynthia Rosas, explica que los mayores de 14 años en proceso legal son internados, según el delito cometido, reciben ayuda psicológica y aprenden oficios.

El fiscal para la Atención de Niños, Niñas y Adolescentes de la PGJDF, Jorge Ferman, de­talla que la última alternativa es la reclusión porque la intención no es criminalizar a los menores.

Perfil

La directora de la Comunidad Varonil de Diagnóstico, Cynthia Rosas menciona algunas de las características de menores que se les castiga con reclusión.

Salud. Llegan con problemas de adicción.

Familias. Provienen de ambientes de violencia intrafamiliar o en situación de calle.

Escolaridad. La mayoría cuenta con estudios de primaria o secundaria truncos.

ILÍCITOS JUVENILES

Datos de la Procuraduría General de Justicia del DF (PGJDF) refieren que durante 2010 se cometieron tres mil 383 delitos, la mayoría robos en diversas modalidades, entre otros delitos.

- 814 por robo a transeúnte.
- 533 por robo a negocio.
- 242 por lesiones dolosas.
- 201 por robo de celular.
- 137 por robo de vehículo.

LA VIDA DELICTIVA

“Es más feo la segunda vez”, Chiquis, 16 años.

Llegué por segunda vez a la comuni­dad por robo a tran­seún­te con violencia física y moral. Un tipo con el que me puse a tomar quiso abusar de mí, pero me reviró la acusación y por mis antecedentes procedió. Se siente feo estar encerrado y todo por andar en el desmadre.

La primera vez que caí fue el año pasado por tentativa de homicidio; estaba toma­do y drogado. Le enterré una navaja en la pierna a un chavo que le estaba pegando a su novia.

“Mi tío me enseñó a robar”, Mele, 14 años.

Es la segunda vez que caigo. Ahora por robo a negocio y la primera por otro robo. Mi tío me llevaba a robar autopartes desde los ocho años.

Yo revendía las pie­zas, pero en mi casa no sabían. Cuando íbamos a comer tacos mi tío me decía que me fuera con el choro de que iba a conseguir dinero para pagar la cuenta, pero no regresábamos al lugar.

“Quiero cambiar”, ­­­Neto, 15 años.

Vivo en la calle desde hace como seis años, porque mis papás me pegaban y me drogaban. Caí por segunda vez por robo a transeúnte por la necesidad de la droga. La primera ocasión fue porque no quise dar el paradero de una de mis amigas que se prostituía por droga.

El señor que quería estar con ella me acusó de robo. Ya casi salgo porque llegué confeso, pero ya me gustaría zafarme de esto. Aprendí a hacer panes.