Todo comenzó con una antena de conejo para la televisión blanco y negro de la familia Hernández More­no, hace 40 años.

Pepe, quien todavía no cumplía los siete años, era el más pequeño de aquel hogar de campesinos mi­gran­tes en California. “Me mandaban a cada rato a ajustar la televisión porque era el más chico. Estaba agarrando una de las orejas, porque como que la imagen se mejora y no querían que me moviera. Recuer­do muy bien a los astronautas caminando en la luna y me cautivó la imaginación”, recuer­da Pepe, hoy mejor conocido como el astronauta José Her­nández y quien, a partir de esta fecha, escribe una nueva página en la breve historia de los mexicanos en el espacio.

“Éramos una familia muy humilde, campesinos y la clave para salir era el estudio. A pesar de que mis padres sólo llegaron a tercer año de primaria, valoraban la educación y siempre nos apoyaban. A ellos les doy las gracias. Tengo otros primos de la misma edad, que los papás los metían al campo en lugar de a la escuela, y ellos tienen un destino muy diferente”, agregó Her­nández, en entrevista con Publimetro.

Hernández, un hombre decidido, presentó 11 veces la prueba para ingresar al programa de astronautas de la NASA. Hasta que en la doceava, finalmente lo consiguió.

La misión
Al cierre de esta edición, todo se encontraba listo para que el transbordador Discovery fuera lanzado al espacio, a la 1:36 horas de hoy.

La misión STS-128, que durará 13 días, cuenta entre los miembros de su tripulación con dos astronautas de origen mexicano –Hernán­dez y John Danny Olivas, éste último, nieto de migrante mexicano–. Los objetivos de la misión son equipar con nuevos instrumentos a la Estación Espacial Interna­cional (EEI) y dejar ahí a la astronauta estadounidense Nicole Stott, quien permanecerá en la estación por seis meses.