En medio de una amplia expectación, la mandataria llegó a la sede del gobierno, la Casa Rosada, a las 11:17 horas locales (14:17 GMT), una hora después del inicio del incesante desfile de simpatizantes que fueron a despedirse del ex presidente.

Vestida de negro, con lentes oscuros, la viuda apenas se dejó ver a su llegada, pues bajó rápidamente del helicóptero oficial y, junto con su hija Florencia, abordó de un vehículo que las trasladó los escasos 200 metros de distancia desde el helipuerto a la Casa Rosada.

También venían con ella su madre Ofelia y su hermana Giselle, quienes siempre han tenido un papel público discreto, pese al protagonismo que Fernández ha ejercido en la vida política nacional desde hace dos décadas.

Aplauden a viuda de Kirchner

En el breve recorrido del auto oficial, la presidenta fue cobijada por los aplausos de los militantes agolpados en las puertas de la sede gubernamental en la primera de las tres jornadas de luto nacional.
Fernández, quien estuvo casada durante 35 años con Kirchner, formó con él la pareja política más poderosa de Argentina en los últimos tiempos.

A las 11:22 horas locales, la presidenta entró a la Galería de los Patriotas Latinoamericanos, en donde está colocado el féretro cerrado con los restos de su marido, cubierto con una bandera albiceleste y custodiado por un crucifijo.

Desde ese momento encabezó el funeral, acompañada por su gabinete en pleno, legisladores y gobernadores oficialistas, quienes veían el interminable paso de seguidores que se arrodillaban para rezar, que tocaban el féretro, que se despedían con lágrimas.

La presidenta nunca se quitó los lentes negros ni dejó de tomarse de las manos con su hija Florencia, mientras detrás las abrazaba el heredero de la dinastía Kirchner, Máximo.