¿Tomaste en cuenta los peligros de reportera en Irán antes de ser arrestada?
– Trabajar como periodista en Irán es, en general, más riesgoso que en países como Estados Unidos y Alemania. Creo que es importante, sin embargo, que los periodistas y otros que tratan de difundir informa­ción sigan trabajando en sus países, como Irán. De lo contrario, el mundo sería mucho menos consciente de lo que está pasando ahí, y los Gobiernos podrían actuar con más impuni­dad. Claro, pienso que los periodistas no deberían correr riesgos, pero deben calcularlos.

Fuiste encerrada en una prisión en Evin, ¿cómo describirías el lugar?
– Había muchos prisioneros políticos y de conciencia, cuyo único crimen era manifestarse por los derechos humanos. En Evin se ha ejecutado a gente, han muerto de manera misteriosa y ha habido casos de tortura psicológica. Yo no fui torturada psicológicamente, pero experimenté algo llamado “tortura blanca” que no deja mar­cas en el cuerpo, pero destruye la mente y la con­ciencia. Es una combina­ción de aislamiento, manipulación, intimida­ción y esfuerzos para quitar la dignidad a los presos.

¿Cómo duermes por la noche ahora que eres libre?
– Sigo mirando sobre el hombro, de vez en vez, para ver si alguien está siguiéndome. Mis captores me dijeron que no hablara una vez que fuera liberada. Si lo hacía, dijo uno, él personalmente firmaría mi sentencia de muerte. Otro dijo que los agente iraníes podían encontrarme en cualquier parte del mun­do, asesinarme y hacerlo parecer como si hubiera sido un accidente de auto. No sé qué tan serias sean las amenazas, pero sé que algunas autoridades iraníes han sido implica­das en asesinatos en otros continentes.
Algunos otros prisioneros políticos me dijeron también que estaban amenazados. Como yo, dicen que tienen pesadillas, duermen con las luces prendidas si están solos por la noche.