El hermoso sol que despertó ayer a Madeira contrasta con la catástrofe que dejaron las lluvias torrenciales en la isla portuguesa, que vivió el fin de semana la peor tragedia en 100 años, en la que perecieron 42 personas.
Las inundaciones y deslaves, además, provocaron heridas a 120 personas y dejó sin hogar a 248, aunque las cifras aún podrían aumentar.
Las autoridades de Madeira recomendaron, tanto a residentes como a turistas, permanecer en sus casas y hoteles, mientras que los equipos de emergencia trabajan para reabrir los caminos.
La electricidad, las líneas telefónicas, así como la Internet, funcionan con muchos problemas.
“No puedo recordar lluvias como éstas. No paró desde el viernes por la noche, sábado y domingo por la mañana. Fue un diluvio”, relata Leonor Silva, quien vive a las afueras de Funchal.




























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