El nigeriano de 23 años que pretendió hacer explotar una bomba en un avión con rumbo a Detroit y 278 pasajeros a bordo, en Navi­dad, alguna vez fue reconocido como un talentoso y callado estudiante en Londres.

En su adolescencia, Umar Farouk Abdulmutallab estudió en el colegio británico de Lome Togo, cuando mi padre era director adjunto y mi madre, Marta McGuinnes, era la profesora de francés de Umar.

McGuinnes describe a este joven como “increíblemente inteligente y con un particular entusiasmo, lo que me producía un enorme placer de enseñarle”. Sin embar­go, también recuerda que Umar hacía constantes referencias a Alá en sus ensayos y demás tareas, algo que le pareció perturbador y en dado momento tuvo que reportar a la dirección. Después de una sencilla advertencia por parte de las au­toridades escolares, Umar dejó de relacionar sus actividades escolares con la religión. Por lo que nadie sospechó que este joven pudiera albergar en su interior un lado aún más siniestro.

Desde que se dio a conocer la identidad de Umar, ex alumnos de Lome han estado enviando mensajes, a través de las redes sociales como Facebook, expresando su sorpresa e incredulidad. Al parecer, a todos les parece difícil entender cómo un estudiante modelo pudo convertirse en un extremista sin que nadie se diera cuenta.