El gobernador de Texas, Rick Perry, sobrevoló hoy la ciudad de Lancaster, uno de los suburbios de Dallas que más daños registraron por los tornados del pasado martes y dijo que “necesitamos dar gracias a Dios porque pudo haber sido peor”.

Ninguna persona murió, aún cuando más de una docena de tornados se abatieron sobre una zona densamente poblada del sur y suroeste de Dallas la tarde del martes provocando extensos daños a casas y oficinas, derribando árboles y postes y volcando vehículos.

En Lancaster, unas 300 casas y negocios fueron dañados o destruidos. Las autoridades aún no dan acceso a muchas vecindades debido a que hay escombros en las calles y las líneas de electricidad derribadas.

Funcionarios del condado de Dallas firmaron una declaración de estado de emergencia a fin de solicitar recursos estatales y federales para la reconstrucción de las áreas siniestradas.

Tras su visita este miércoles a la zona, Perry dijo que el estado buscara acelerar los trámites para obtener recursos federales en atención a la declaración de emergencia.

El Servicio nacional del Clima (NWS) confirmó que el tornado que provoco los daños en Lancaster tenía una categoría EF2 en la escala Fujita, con vientos de entre 179 y 218 kilómetros por hora.