Desde 1934 Argentina tenía deseos de organizar la Copa del Mundo de la FIFA. Sin embargo, fue hasta 1978 que el máximo organismo del futbol volteó a ver al sur del Continente Americano.
 
Tal vez no era el mejor momento para entregarle la estafeta a un país convulsionado, gobernado por una dictadura militar que había violado sistemaáticamente los derechos humanos de sus habitantes, pero para Joao Havelange y el grupo de poder de la FIFA les pareció lo contrario.
 
Argentina hacía recordar los Mundiales de Italia y Francia por su ambiente bélico -a nivel casero- y confirmó la necesidad del poder de utilizar el deporte como arma propagandística y elemento de estabilidad y superioridad frente a los demás.
 
Los primeros renuentes; Cruyff, no va

Apenas se supo la designación de Argentina, varios países europeos protestaron y llamaron a un boicot contra el torneo, el objetivo era denunciar las atrocidades cometidas por el gobierno del General Jorge Rafael Videla y evitar la tentación de la Junta de Gobierno de politizar el evento deportivo.
 
Sin embargo, por más que se insistió, la nación pampera siguió adelante con los preparativos. La única y acaso la más significativa de las ausencias fue la de Johan Cruyff, el cerebro de la Naranja Mecánica, quien no participó a pesar de que Holanda había calificado a la justa.
 
Tampoco lo hicieron Inglaterra, la Unión Soviética y Yugoslavia, pero ellos por una mala eliminatoria y bajo nivel. Los franceses regresaron después de doce años de no asistir a un Mundial, y los "benjamines" Irán y Túnez por primera vez disputarían un torneo del orbe.
 
Los 16 equipos calificados fueron encuadrados en cuatro grupos, de los cuales pasaron a la siguiente ronda los primeros dos de cada sector. De esta eliminatoria, ocho conjuntos formaron dos cuartetos y como en la previa los mejores de cada grupo pasaban a la final, y los mejores segundos a jugar el tercer puesto de la Copa.
 
La mano del gobierno: Argentina "vence" a Perú
 
Tras pasar la primera ronda, las selecciones favoritas pasaron sin dificultades a la segunda fase de grupos. Si acaso, Holanda tuvo que sufrir un poco de más, pero en sí Italia, Alemania Federal, Austria, Argentina, Brasil, Polonia y Perú fueron dignos aspirantes al título.
 
Los holandeses se llevaron sin problemas la punta del Grupo A y con ellos su pase a la final por segunda ocasión consecutiva. Italia los secundaba, pero al quedar tres puntos abajo sólo pudo disputar el tercer lugar.
 
En el Grupo B, las cosas se complicaron. El anfitrión y su némesis sudamericano Brasil terminaron en el mismo sector, junto a Polonia y Perú, éste último el peor de la fase al no sumar siquiera un punto y quedar con 10 goles en contra.
 
Cariocas y Pamperos marchaban codo a codo: habían empatado a cero entre ellos; Brasil había derrotado a Polonia 3-1, mientras que Argentina hizo lo propio pero con un marcador de 2-0. En su encuentro contra Perú, la Verdeamarelha ganó tres tantos a cero.
 
Para acceder a la final, los argentinos tenían que anotarle cuatro goles a los peruanos para poder llegar al duelo definitivo. Ante la sorpresa de la mayoría, que no había visto a los argentinos hacer más de tres goles en todo el Mundial, vencieron a los andinos por 6-0, con una colaboración algo extraña del portero Ramón Quiroga, un argentino naturalizado peruano.
 
"El Matador" Kempes hace jugó a la Naranja Mecánica
 
El 25 de junio de 1978, saltaron a la cancha del Estadio Monumental por Argentina: Ubaldo Fillol, Osvaldo Ardiles, Daniel Bertoni, Américo Gallego, Luis Galván, Mario Kempes, Leopoldo Luque, Jorge Olguín, Óscar Ortiz, Daniel Passarella y Alberto Tarantini. 
 
Por Holanda: Jan Jongbloed, Jan Poortvliet, Ruud Krol, Wim Jansen, Arie Haan, Rene Van de Kerkhof, Willy Van de Kerkhof, Rob Rensenbrink, Johan Neeskens, Johnny Rep y Ernie Brandts.
 
Miles de papelitos caían de las tribunas, mientras una fuerte lluvia de serpentinas inundaba el terreno de juego. El ambiente era inmejorable y todo un país latía al mismo tiempo.
 
La Naranja Mecánica, un poco contenida, no pudo demostrar su juego de conjunto ante el ímpetu argentino, que para ese momento prácticaba un futbol práctico y ofensivo. A los 38 minutos, Mario "Matador" Kempes dio la primera estocada. A falta de ocho minutos para concluir el cotejo los tulipanes marcaron el empate (Dick Nanninga). Tiempo extra en Buenos Aires.
 
Al minuto 105 en una gran jugada de habilidad y gambeteo, Mario Kempes se quitaba de encima a dos defensas y al portero, pero al disparar el guardameta alcanzó a atajar, el balón siguió el curso hacia la portería ante un trío de defensas naranjas que llegaron a impedir el gol, sin embargo, "El Matador" punteó la de gajos y adelantó 2-1 a Argentina.
 
Ya con la algarabía y el llanto en la tribuna, Daniel Bertoni dio el golpe final a un desarmado cuadro holandés, al marcar el 3-1 definitivo. La Naranja Mecánica, por segunda ocasión se convertía en subcampeón del mundo.
 
Los aficionados se metieron al campo a obtener un poco de gloria, mientras que los militares, como en las justas mundialistas del '34 y '38, festejaban su victoria político-deportiva.
 
Anécdotas

 
Por cuarta ocasión el país anfitrión presentaba a su mascota. Los organizadores pensaron en un ser humano y le pusieron de nombre "Gauchito", un niño que resaltaba los rasgos de los pamperos.
 
La crítica de Holanda no sólo se quedó en su renuencia primera a no venir a Argentina y la salida de Cruyff. Durante la entrega de las medallas de segundo lugar se negaron a salir a recibirlas para no saludar a la Junta de Gobierno argentina.
 
Incluso, antes de la final contra los anfitriones, se reunieron con las Madres de la Plaza de Mayo, grupo de resistencia civil contra el régimen militar.
 
Jorge Luis Borges, tal vez el escritor más influyente de Argentina, en modo de protesta por la celebración del Mundial en un momento complicado para ese pueblo sudamericano, convocó a una conferencia de prensa en el mismo día y hora que debutaba La Albiceleste en el Mundial.
 
Un "pibe" empezaba a destacar en el futbol argentino, decían que ese muchacho un poco petizo era un genio con el balón, su golpeo no se comparaba y el regate a gran velocidad era mortal...se llamaba Diego y apellidaba Maradona. Sin embargo, César Luis Menotti, técnico del conjunto pampero, decidió no convocarlo para la Copa del Mundo de Argentina, pues consideró que estaba muy joven para un evento tan importante.
 
El holandés Rob Rensenbrink marcó el gol número mil en la historia de los mundiales. Por cierto, el balón utilizado en la justa fue diseñado por Adidas y se le dio el nombre de Tango.