Brasil regresó con la el laurel de tierras europeas. Todos habían visto al futbol en su máximo esplendor saliendo de los zapatos de Garrincha, Didí, Vavá, Zagallo y el joven maravilla que todos empezarían a reconocer como Pelé.
 
Después de dos copas seguidas en Europa (Suiza y Suecia), la FIFA decidió hacer caso a las quejas de los países americanos y le entregó a Chile la organización de la justa mundialista.
 
En mayo de 1960, un fuerte terremoto sacudió el sur chileno. El país estaba devastado y no fueron pocos los que pidieron el cambio de sede, que desde su nombramiento (1956) estuvo en el ojo del huracán, pues algunos países consideraban que la nación andina no tenía ni la infraestructura ni los merecimientos futbolísticos para celebrar el evento.
 
El mundial se queda en Chile


La FIFA comenzó a tener sus dudas sobre Chile y todo indicaba que haría un cambio de sede. Dicen que en ese momento crítico para los organizadores, el presidente del Comité de la Copa del Mundo, Carlos Dittborn, dijo: "Porque no tenemos nada lo haremos todo", grito de guerra entre los chilenos que empezaron a trabajar a marchas forzadas para cumplir con el evento. 
 
Alrededor de 56 selecciones buscaron un boleto a la sede sudamericana, pero sólo 16 alcanzaron un sitio en Chile. Aunque los europeos eran mayoría con 10 cuadros nacionales, América empezaba a resurgir y presentó a seis contendientes. Francia y Suecia se quedaron en el camino.
 
Los únicos cuatro equipo campeones en la historia, hasta ese momento, estaban presentes (Uruguay e Italia, bicampeones; y Alemania Federal y Brasil, con un título). Hungría, Inglaterra, Unión Soviética y Yugoslavia buscaban dar el paso importante.
 
El mundial de los golpes

 
Un nuevo cambio se dio en el balompié: se dejaban atrás los juegos espectaculares, abiertos y donde los jugadores podían hacer gala de su destreza; por la rudeza, marcaje "codo a codo" y una baja considerable en la producción de goles. 
 
Verdaderas batallas campales se dieron en la primera ronda, subió la cantidad de expulsados y de jugadores con lesiones. Pelé, la gran estrella del Mundial, fue frenado a patadas por los jugadores checoslovacos, y apenas en el segundo partido de la primera ronda se despidió del torneo.
 
El mundo recordaría el encuentro entre Italia y Chile como "La Batalla de Santiago", pues fue una oda a la violencia: codazos, manotazos, golpes directos, pellizcos y patadas fueron parte de los 90 minutos. Dos Italianos expulsados y uno con fractura en la nariz fue el costo de la victoria para los locales de 2-0.
 
Tras una primera ronda salvaje y sorpresiva por la eliminación de Uruguay, Italia y Argentina quedaban listos los cuartos de final con llaves de alto voltaje: Brasil-Inglaterra, Chile-Unión Soviética, Yugoslavia-Alemania Federal y Checoslovaquia-Hungría. Sólo dos escuadras americanas por seis europeas.
 
Los partidos para acceder a la semifinales fueron muy cerrados, con diferencia de apenas un gol. Los brasileños y chilenos, y checoslovacos y yugoslavos formaban esta fase preliminar a la disputa por la Jules Rimet.
 
A falta de Pelé, Garrincha
 
Edson fue sacado del torneo desde el principio y parecía que la magia se acababa en la "Canarinha". Pero la realidad era que en el Brasil de Garrincha, Zagallo, Amarildo, Didí, Vavá, Altair y Bellini, Pelé era sólo una estrella más.
 
Claro está que les costó sobresalir, pero más allá de la figura del delantero, fue por el juego brusco que se presentó en el Mundial. Aún así, los destellos con el balón, la conducción, la asociación, en fin "El Jogo Bonito" nunca dejó de aparecer en las presentaciones de los cariocas.
 
Garrincha, el mejor diblador de la historia, levantaría la mano en este mundial. Nunca le dieron una patada severa porque sus pies "flotaban en el aire" mientras acariciaba el balón. Condujo a sus compañeros, anotó y dio pases de gol. Nunca se cansó de jugar como tampoco de beber y estar en la fiesta. Un grande que murió en la ignominia.
 
Volaba como "pajarito", de ahí su apodo, pero también por lo feo, rengo y hasta débil mental, como lo calificó un médico en Brasil. Todo quedaba atrás cuando se calzaba los tenis y escondía la pelota, nadie como él para desaparecer el esférico y hacer una genialidad cuando todo estaba perdido.
 
La salida de Pelé, sin duda, le atrajo los reflectores, pues era el segundo a bordo y el complemento vital para el 10 de brasileño. No le pesó quedarse como la gran estrella y llevó de nuevo la copa a su país.
 
Durante la semifinal contra Chile, en pleno Estadio Nacional, en Santiago, la Verdeamarelha dio una de sus mejores exhibiciones, tal vez porque el futbol chileno permitió jugar y ahí llevó la penitencia pues perdió 4-2 y se quedó a un paso de la final. Garrincha y Vavá marcaron en dos ocasiones, mientras que Jorge Toro y Leonel Sánchez anotaron por Chile.
 
Checoslovaquia, con su juego rudo, liquidó en su compromiso 3-1 a los yugoslavos. La final estaba lista. Brasileños y checoslovacos ya se habían medido en la primera fase, con un empate a cero y la lesión de Pelé.
 
Brasil, bicampeón del mundo
 
Ya en la final, los recuerdos veían a la mente. Ahora el objetivo de los europeos era parar a Garrincha como lo hicieron con el "10". Pero no pudieron y mejor intentaron ganar con futbol. A los 15 minutos sintieron la gloria cuando Josef Masopust dio la estocada a los brasileños...fue lo único que hicieron.
 
Brasil remó contra la corriente y a los 17 minutos Amarildo empató. Parecía que el "Scrach du Oro" no quería humillar a un equipo checoslovaco y se contenía, pero su calidad y magia eran más poderosas que ellos.
 
Hasta el segundo tiempo se decidieron: primero, Zito marcó el 2-1, y Vavá, a 12 minutos del final, cerró la cuenta y dio a Brasil el bicampeonato mundial. Garrincha fue la figura y comenzaba el camino histórico de la Verdeamarelha como la cuna del futbol bonito.
 
Anécdotas
 
Cinco jugadores se llevaron la Bota de Oro al anotar cuatro goles durante la justa, entre ellos dos brasileños: Vavá y Garrincha.
 
Gracias a su estupenda participación, varios padres ofrecieron a sus hijas a Garrincha, para que se casara con alguna de ellas a su llegada a Brasil.
 
España llegó a Chile con jugadores de distintas nacionalidades, un húngaro, un uruguayo y un paraguayo, por lo que fue bautizado en lugar de "La Roja" la "ONU".
 
La selección española llegó a Chile con varios futbolistas de distinta nacionalidad: Puskas era húngaro, Santamaría uruguayo y Martínez paraguayo. En el país que organizaba el torneo bautizaron a La Roja como 'La ONU'.