Parecieran imágenes en las inmediaciones del Estadio Azteca, pero no es así, son afuera del estadio Peter Mokoba de Polokwane, Sudáfrica, donde el Tri enfrentó al seleccionado francés.

Las pelucas tricolores, las máscaras, un grupo de animación que llegó desde el Festival de Cholula, las playeras enormes, las carteles para mandar señales de vida a casa, el niño de tres años que vistieron con un llamativo traje de charro (con caballo incluido), los chapulines colorados... Incluso los vendedores de paletas aprendieron rápidamente la forma de atraer a los clientes mexicanos con un tradicional "bara, bara".

Lo cierto es que si en el primer partido ante Sudáfrica la afición azteca había hecho una digna, orgullosa y folcklórica presentación, en Polokwane la superioridad fue aplastante, avasalladora, parecía una extensión más del territorio nacional.