Todo era fiesta en el vestuario de España. Tras vencer 1-0 a Alemania, en la semifinal de la Copa del Mundo Sudáfrica 2010, los ibéricos llegan a su primera final y con muchas posibilidades de llevarse el trofeo a casa.

Risas, aplausos, torsos desnudos. Pura vida en el seno español. De pronto, apareció la Reina Sofía para saludar, mas no abrazar, a los guerreros que habían conseguido el triunfo.

Como marcan los cánones reales, los jugadores se levantaron y ovacionaron a la soberana. Algunos descalzos y otros sólo cubriéndose el pecho con una toalla festejaron sin cesar.

La Reina se “dignó” a saludar individualmente a cada uno de los jugadores. Pasó con Iker Casillas, Xabi Alonso y el resto del plantel. Pero alguien faltaba. ¿Quién?

De pronto, una cabellera larga se movió entre los asistentes (entre quienes estaba el tenor Plácido Domingo). El gran héroe del día, Carles Puyol, apareció sólo ataviado con una toalla cubriéndole la parte baja del cuerpo.

La figura real reaccionó rápido y extendió la mano que encontró la del “plebeyo”, que sin inmutarse saludó a la Reina ante las burlas de sus compañeros. A pesar del hecho, durante la estancia de la soberana nunca se puso algo encima.

Antes de salir del vestuario, felicitó en nombre de la Familia Real la destreza mostrada en el campo y dijo los volvería a ver en Johannesburgo (sede de la final). También agradeció el buen timón de Vicente del Bosque, que hasta el momento tiene a España a un tris de llevarse el título mundial.