España se encontraba entre la reconstrucción democrática y el terrorismo. Felipe González y la organización vasca ETA prefiguraban el orden político del país. La FIFA había elegido desde 1966 que los ibéricos organizaran la edición doce de la Copa del Mundo.
 
Ahora serían 24 países participantes. Debutaron Argelia, Nueva Zelanda, Honduras, Camerún y Kuwait. Europa participó con 13 selecciones, entre las que destacaban España, Francia, Inglaterra, Italia y Alemania Federal; mientras que Argentina, Brasil, Chile y Perú iban por Sudamérica. El Salvador y Honduras representaron a la zona de la Concacaf.
 
Con este aumento de equipos fue necesario modificar el torneo. Ahora, en seis grupos se dividieron los 24 países. Tras concluir esta primera fase habría cuatro sectores con tres selecciones, de los cuales pasarían los primeros de cada cuadrilla a jugar las semifinales para más tarde encontrar a los dos disputantes del trofeo.
 
Primera sorpresa: los campeones argentinos pierden

 
Después de una inauguración pacifista en el Nou Camp de Barcelona -jóvenes formaron una paloma blanca-, la campeona Argentina caía atónita ante una desconocida Bélgica por marcador de 0-1. Los "ches" sufrieron en la primera ronda, pero alcanzaron su pase a la fase siguiente junto con sus verdugos belgas.
 
Hungría, lejos de sus glorias de los años cincuenta, no pudo encaminarse a la segunda fase, pero propinó la goleada más escandalosa de las Copas al vencer 10-1 a El Salvador, equipo que terminó con cero puntos en España.
 
Polonia fue la revelación del torneo al ganar el primer puesto del Grupo 1 y dejar a Italia en el segundo puesto. Más tarde los polacos lograrían quedarse con el tercer lugar del Mundial, mismo puesto que ocupó en Alemania 1974.
 
Alemania Federal y Austria se llevaron el Grupo 2. El caso chileno fue el peor pues no sumó una sola unidad, mientras que para ser el primer Mundial en la historia de Argelia (con la escuela francesa) empató en cuatro unidades con las potencias europeas y sólo los goles en contra los dejaron fuera de la segunda ronda.
 
Inglaterra y Francia cumplieron en el Grupo 4; Irlanda del Norte se llevó el Grupo 5, mientras que España con poco futbol logró su pase en segundo lugar. Brasil y la Unión Soviética, triunfaron en el Grupo 6.
 
El campeón sería europeo.
 
En la siguiente ronda, Brasil que había encantado con el juego de Sócrates, Falcao y Zico terminó en segundo lugar. España culminó en el último lugar de su sector y se les acabó el sueño. Bélgica no pudo mostrar el futbol sencillo pero eficaz. Los norirlandeses perdieron el gas y acabaron despidiéndose con un solo punto.
 
Francia y Alemania Federal, así como Italia y Polonia, fueron las semifinales. Una vez más la Copa del Mundo era netamente europea; los americanos no podían reconquistar el Viejo Continente desde que Brasil ganó en Suecia 1958.
 
Alemania, brutal

 
Nunca se había visto una media cancha tan elegante en el futbol. Francia, construida por Michel Platini, Jean Tigana, Bernard Genghini y Alain Giresse dotaban de balones al ataque y eran el cinturón que impedía el paso a la última línea del equipo. Enfrentó a Alemania que, como siempre, se comportaban con temple y eficiencia, pero también llenos de rudeza.
 
Apenas al minuto 17, el alemán Pierre Littbarski abría el marcador, pero nueve minutos después el galo Platini, desde los once pasos, empató el juego. En la segunda mitad, los franceses hicieron el gasto, pero los teutones se mantuvieron firmes en la defensa. Fue en ese momento de presión que ocurrió tal vez la entrada más agresiva en los Mundiales.
 
Platini mandó un balón que era una clara oportunidad de gol para Patrick Battiston, quien a punto de alcanzar el balón fue atropellado por el portero alemán Harald Schumacher, quien enconchado pegó en la parte superior al galo, lo dejó tendido, conmocionado y sin dientes.
 
El juez central Charles Corver no marcó ni el penal ni la expulsión contra el guardameta, además, dispuso que el balón saliera desde meta. Los galos soñaron con disputar la final contra Italia, que había despachado 2-0 a Polonia en la otra semifinal, al ponerse en ventaja 2-1 con gol de Marius Tresor.
 
Alain Giresse marcó el 3-1, parecía el definitivo para acceder a la final. Fue cuando la maquinaria alemana se puso en marcha. Karl-Heinz Rummenigge la regresó al partido y Klaus Fischer decidió que el pase se fuera a penales.
 
Dueños de una seguridad brutal, los germanos superaron 5-4 a los franceses. Maxime Bossis fue el verdugo de Le Bleus, al disparar el penal sin fuerza y sin dirección. Horst Hrubesch sólo tenía que marcar y así lo hizo.
 
La semifinal entre estas dos escuadras siempre se recordará por el juego ríspido de los germanos, que literalmente liquidaron a patadas al equipo más elegante y técnico del mundial. Platini y el resto del equipo lloraron la derrota. Como siempre, parecía que el talento no podría contra la disciplina.
 
Italia, feliz

 
El partido final fue celebrado el 11 de julio en el estadio Santiago Bernabéu entre italianos y alemanes. Sin mucho ruido y hasta poco futbol en el principio del torneo, el favorito parecía el cuadro teutón por lo demostrado ante Francia.
 
En el encuentro decisivo sólo hubo un equipo sobre la cancha y esos fueron los italianos, pero durante el primer tiempo todo fue parejo a la baja. En el segundo lapso, Paolo Rossi fue el primero en dar la puntilla al minuto 57. Doce minutos después Marco Tardelli hacia el 2-0. Ya con el partido controlado y sin los alemanes en pie de lucha Alessandro Altobelli acabaría las esperanzas germanas al poner el 3-0 en el minuto 81.
 
Paul Breitner hizo el de la honra a los 83, pero la final estaba liquidada. Italia se convertía en el segundo tricampeón del mundo (1934, 1938 y 1982), después de Brasil. Mussolini seguía en la cancha celebrando un triunfo más de la Nazionale.
 
Paolo Rossi ganó la Bota de Oro (por campeón de goleo con 6 tantos) y la recién creada categoría Balón de Oro, por mejor jugador de la justa mundialista.
 
Anécdotas
 
Una naranja vestida con el uniforme nacional español se convirtió en la mascota de la justa mundialista, su nombre: Naranjito.
 
El jeque Fahid Al-Ahmad Al-Sabah, líder del futbol de Kuwait, se metió al campo de juego-con todo y túnica- para protestarle al árbitro un gol francés en la primera ronda del mundial. Junto a él, su cuerpo de guardaespaladas intimidaron al árbitro con una daga; al final, el juez central anuló el tanto y el asiático se dirigió a su palco como si nada.
 
El inglés Bryan Robson marca el gol más rápido del Mundial a la elegante y precisa selección de Francia, en tan sólo 27 segundos, pero no rompía el récord del checoslovaco Vaclav Masek, que en Chile 1962 lo hizo en 15 segundos contra México.
 
Los españoles quisieron echar la casa por la ventana. El póster oficial fue creación del artista Joan Miró.