Italia fue la elegida para organizar la Copa del Mundo de 1990. Se convetía así en la segunda nación en albergar por segunda ocasión el evento más importante del futbol. Para encontrar a los 24 países que asistirían a "La Bota", 112 países tuvieron que eliminarse.
Costa Rica, Emiratos Árabes Unidos e Irlanda aparecían por primera vez en el mapa del balompié mundial. Regresaban Estados Unidos, Colombia, Holanda, Suecia y Rumania. Pero sin lugar a dudas la nota la dio Camerún, que comandada por un veterano de 38, Roger Milla, llevó a los "Leones Indomables" hasta cuartos de final.
Brasil recordaba a la Verdeamarelha de 1970, pues su juego era lo más cercano a la perfección, mientras que los argentinos, vigentes campeones del mundo, luchaban por mantener un buen nivel. Italia jugaría un futbol vistozo, pero no podría alcanzar el tetracampeonato en casa.
México era sancionado por la FIFA de participar en toda competencia internacional por dos años (1988-1990), luego que se descubrió que la selección juvenil mexicana de futbol, que buscaba su pase a la Copa del Mundo de la especialidad, había alineado a por lo menos cuatro jugadores que sobrepasaban el límite de años permitido.
De esta manera, el Tricolor fue bajado de la justa mundialista celebrada en Italia. Después de llegar a cuartos de final en México 1986, su mejor actuación hasta la fecha, ahora era modelo de corrupción.
El error de René Higuita y Una agüita misteriosa
Tras cumplirse la fase de grupos, 16 naciones pasaron a octavos de final: Brasil tenía el mejor futbol en ese momento; Camerún sorprendía por su fortaleza y rapidez; Alemania, disciplinado y con talento defensivo, lograba pasar a cuarto.
Italia le pegaba 2-0 a Uruguay, mientras que Inglaterra por la mínima diferencia acababa con el sueño de Bélgica. España no aparecía en el panorama mundial, y una vez más perdía, ahora contra Yugoslavia.
En el partido entre colombianos y camerunenses tuvo dos ingredientes esenciales: el portero René Higuita (Colombia) y el veterano atacante africano Roger Milla (Camerún).
Milla abrió el marcador cuando ya los 90 minutos del tiempo regular se habían consumido. A los 106, desbordó por el costado izquierdo y disparo a portería para marcar el 1-0. Los sudamericanos se fueron encima, pero cuando circulaba el balón por los pies del guardameta colombiano quiso hacer un recorte a Roger, quien lo despojó del balón y anotó el segundo gol. Ya derrotados, los cafetaleros hicieron el de la honra por conducto de Bernardo Redin.
En otra de las llaves, Argentina se medía a Brasil, que estaba organizado en una columna perfecta: Dunga en la defensa; Branco en la media, y Careca en la delantera. En el banquillo estaba Romario y Bebeto, que cuatro años más tarde alzarían la Copa del Mundo.
Argentina contaba con Maradona, Burruchaga, Ruggeri y el delantero de nueva cuña Claudio Caniggia, pero su futbol de conjunto no daba para enfrentarse a los cariocas. Brasil estrelló cuantos balones estaba cerca del área.
Durante el partido, Branco pidió agua a la banca argentina. El brasileño comenzó con malestares, parecía perdido en la cancha y era un zombi enfundado de jugador. El medio campo se cayó y Brasil dejó de ejecutar el "Jogo Bonito".
Los pamperos aprovecharon, y con una genialidad de Maradona, quien se quitó a tres defensores rivales, mandó el pase a Caniggia que marcó el tanto para el pase a cuartos de final.
Una Copa de pocos goles
No había duda que Italia 1990 dejó mucho qué desear, el juego defensivo hizo su aparición y muchos partidos se decidieron en tiempo extra o penales. El promedio de tantos por partido fue solamente de dos.
En semifinales la anfitriona Italia se medía a Argentina; mientras que una edición remasterizada de la final de 1966 entre ingleses y alemanes, se tornó intensa y, contrariando el promedio de goles, hubo cinco. Alemania ganó y se encontró, calladito, a las puertas de la final.
Los italianos se fueron al frente con gol de Salvatore Schillaci, casi al inicio del partido, y se mantuvieron a la expectativa de lo que haría el cuadro argentino. A los 67 minutos, Claudio Caniggia empataba el marcados. Sin la posibilidad de anotar, el juego se fue a los penales, donde Goycochea, arquero sudamericano, que se convirtió en un atajador de antología.
Argentina pierde; México, lo sacrifica
Un partido feo, cerrado y fuerte se vivió durante la final de Italia 1990. Alemania, con Rudi Voeller, Juergen Klinsmann, Lothar Matthaeus, Thomas Berthold, entre otros, combinaban la calidad con la disciplina, el esfuerzo con la tenacidad y un poquito de creatividad.
Argentina tenía en sus filas a Diego Maradona, Claudia Caniggia, Sergio Goycochea, Roberto Sensini, Óscar Ruggeri, que se soltaban un poco más, la sangre latina llamaba, pero aún así ambos equipos fueron mezquinos, como si tuvieran miedo de hacer un gol.
A los 20 minutos de la segunda parte, Pedro Monzón tira una patada sobre Juergen Klinsmann y el árbitro uruguayo naturalizado mexicano, Edgardo Codesal, expulsó al pampero. Argentina se quedaba con diez hombres.
Con lo soso del partido, a los 85 minutos Voeller recibió un pase de Matthaeus, pero al entrar al área Roberto Sensini parece derribarlo. Codesal sin pensarlo marcó el penal que definiría Andreas Brehme, para darle a Alemania el tercer título mundial.
A tres minutos del final, Codesal expulsó a Gustavo Dezotti, y a Maradona lo amonesta por reclamar. Al final del encuentro, el "Diez" declaró que esa final había sido robada por el árbitro.
Los germanos se desquitaban de la derrota propinada por La Albiceleste cuatro años atrás en México, mientras Maradona lloraba su mala suerte, en plena capital del imperio Romano.
Anécdotas
La selección de Camerún no fue formada por un técnico sino por el Primer Ministro Paul Biya, quien ordenó por decreto presidencial que Roger Albert Milla debía ir al Mundial, a pesar de un año de inactividad. Al final, el veterano marcó cuatro goles de los siete que marcó el conjunto africano.
La mascota de la décimo cuarta edición de la Copa del Mundo de 1990 se llamó Ciao, como el saludo común utilizado por los trasalpinos. Era un futbolista formado con cubos, como un lego con los colores verde, blanco y rojo, y cabeza de balón.
Según la página de Todos los Mundiales, el portero Sergio Goycochea, suplente del combinado argentino, que tras la lesión de Nery Pumpido debutó en Italia 1990, tuvo una cábala que lo acompañó cuando los partidos se definían en penales: hacerse rodear por sus compañeros, mientras él, hincado, orinaba en el terreno de juego.
Durante el partido entre Brasil y Argentina, los pamperos tenían todos los pronósticos en contra, incluso los directivos argentinos tenía la fe por los suelos: habían comprado treinta boletos de avión para trasladar al equipo de Madrid a Buenos Aires una vez terminado el encuentro.
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Publicado 15:24 h. 11-04-2010
Italia 1990: El mundial más defensivo de la historia

Italia 1990 Foto: FIFA
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