Todavía con el recuerdo de que David (Uruguay) puede vencer, siempre que se lo proponga, a Goliat (Brasil), la Copa del Mundo estaba lista para viajar de regreso al Viejo Continente, a Suiza, específicamente.
 
Participaron 16 selecciones en el torneo: doce de Europa, tres de América y una de Asia. Se volvió al sistema de grupos, formándose cuatro con el mismo número de equipos.
 
Alemania era aceptada de nuevo en un mundial, claro, la del lado oeste. Argentina dejaba pasar nuevamente la oportunidad de buscar un boleto a Los Alpes, así que Brasil y Uruguay se embarcaron en la travesía por el mar para competir en tierras ajenas.
 
Hungría, el rival que encantaba
 
El equipo húngaro apareció como el cuadro más importante de la justa, con sus 31 partidos internacionales sin derrotas y vigentes campeones olímpicos (Helsinki 1952). Ferenc Puskas, Jozsef Boszik y Sandor Kocsis eran las grandes figuras del balompié de su país, más tarde figuras del Real Madrid y Barcelona. Por su don de asombrar con el balón fueron conocidos como los "Mágicos Magiares".
 
En los cuartos de final, había tres equipos favoritos: Uruguay, campeón en la última edición; Brasil, subcampeón en 1950, y Hungría, campeona olímpica y reina de Europa. Además habían calificado la anfitriona Suiza y la potente Alemania Federal. Cerraban la llave Austria, Inglaterra y Yugoslavia.
 
Austria despachó a Suiza (7-5), mientras Uruguay seguía caminando rumbo al tricampeonato al vencer 4-2 a Inglaterra. Alemania superaba a Yugoslavia sin problemas por 2 a 0.
 
En la llave más emocionante, Hungría liquidó 4-2 a Brasil, en un partido recordado como "La Batalla de Berna", que resultó el encuentro más violento que se recuerde en la historia de las Copa del Mundo.
 
Los brasileños se encargaron durante todo el partido de frenar a las estrellas húngaras a patadas, pero los nativos de Europa del Este se burlaron de los sudamericanos.
 
El partido terminó con tres jugadores expulsados y una pelea monumental en los vestidores, en la que participaron jugadores, cuerpo técnico y delegados de los países. FIFA no castigó a los rijosos, mucho menos las federaciones nacionales. Quedaba claro que en el futbol las pasiones se desbordaban.
 
En las semifinales, los magiares superaron a la vigente selección campeona del mundo, Uruguay, por 4-2, por lo cual la final sería netamente europea, pues Alemania, sin mucho escándalo venció 6-1 a la favorita Austria, en un encuentro lleno de recuerdos amargos tras la Segunda Guerra Mundial.
 
La magia vs. La eficiencia

 
Así, en el partido decisivo se mediría el talento contra la eficiencia; la magia contra el pragmatismo; la elegancia contra la dureza. Hungría partía como gran favorita, pero Alemania había demostrado que no se daría por vencida.
 
El 4 de julio de 1954, en el Estadio Wankdorf de Berna, se disputaba la final entre húngaros y alemanes. Ya en la fase de grupos se habían encontrado, con un marcador a favor de los magiares sobre los teutones de 8 por 3.
 
Apenas a los ocho minutos de iniciado el cotejo, Ferenc Puskas ('6) y Zlotan Czibor ('8) ya tenían adelante a Hungría y todo indicaba que podría repetirse una goleada...pero no fue así. Max Morlock, dos minutos después, marcó para Alemania; y Helmut Rahn en dos ocasiones ('18 y '84).
 
Nuevamente se daba un resultado sorpresivo, el favorito caía a los pies de la víctima. Fue una tarde esplendorosa para el portero germano Toni Turek, quien paró toda la metralla que salía de los botines y cabezas de los húngaros
 
Una lluvia torrencial presagiaba el final trágico para los encabezados por Puskas, y así fue. Hungría, la máquina europea, la invicta selección había perdido ante la mecanizada y simple táctica de los alemanes: la disciplina. 
  
Anécdotas
 
Más de cuatro millones de europeos tuvieron la oportunidad de mirar el futbol a través de la televisión.
 
Tras la derrota húngara ante los alemanes, el mejor jugador del mundial el magiar Ferenc Puskas declaró que el vestidor de los germanos "olía a amapolas", de ahí el rendimiento inaúdito durante el segundo tiempo.