Cuando compramos algún artículo o gozamos de algún servicio que nos satisface, incluso más allá de nuestras expectativas, de alguna manera estamos recibiendo un buen trato de los demás, aunque no los conozcamos.

Cuando ponemos dedicación, voluntad y amor en lo que hacemos, es casi seguro que alguien gozará de los frutos de nuestros esfuerzos.

Hacer algo bien es poner un eslabón fuerte en la cadena de acontecimientos de la que todos indivisiblemente formamos parte. Las cosas bien hechas surgen de nuestro compromiso a servir, sin esperar un resultado.

Las cosas hechas a medias, sin gusto, sin compromiso o al aventón surgen de estar apagados en vida, y de la negligencia hacia nosotros antes que hacia nadie. 

Cuántas veces hemos gozado de alguna prenda de ropa, de algún automóvil o aparato eléctrico que dura mucho y no nos falla. Esto es parte de una benignidad donde todos salimos beneficiados, pues además de despertar sentimientos de gratitud, fomenta el efecto de eco de la calidad.

Lo que está bien hecho inspira y multiplica más de sus iguales. Incluso, salva vidas. Imaginemos el caso de un paracaídas, de una lancha, de un monitor del corazón o los servicios de médicos, enfermeras, jueces, maestros. 

Profesiones y objetos de cuya impecabilidad dependen vidas. Y aun cuando no sean servicios u objetos de primeros auxilios, todos estamos conectados en una red de cuyas partes débiles se puede romper toda una estructura.

Cuando algo es realizado con responsabilidad y está bien hecho, debe celebrarse, aplaudirse, impulsarse, cuidarse, procurarse y fomentarse.

En la mayoría de los casos desconocemos de dónde provino aquello que nos representó una buena inversión, pero esto es irrelevante contra el resultado que genera.

Debemos manifestar nuestra satisfacción cuando recibimos algo en donde el empeño y la conciencia de las personas al realizar su trabajo son notorios.

Tenemos la responsabilidad colectiva de propiciar aquello que queremos y requerimos, así como a un ser humano se le incentiva con palabras de aliento.
 

Hacer una elección consciente de optar por lo bien hecho, hacerlo extensivo y alabarlo es nuestra participación como adultos responsables que sirven a su sociedad y a su comunidad.

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