EFE

Más de nueve meses lleva la confección de algunos de los vestidos más emblemáticos que se contemplaran por las calles de Venecia (Italia), el sambódromo de Río de Janeiro (Brasil) o la gala de elección de la Reina del Carnaval en Tenerife (España).

Cristales, brillos, plumas, poca tela, eso es lo que refleja la gran mayoría de las imágenes que nos llegan desde Brasil. Las escuelas de samba eligen un tema y lo desarrollan, desde la prehistoria, a la evolución del diseño o las nuevas tecnologías, dan vueltas a un amplio panorama a ritmo frenético.

Un director artístico se ocupa de organizar carrozas y vestuarios del desfile y de mantener a buen recaudo el más nimio detalle para evitar que la competencia se sienta tentada a copiar.

En otras latitudes, como Venecia,la belleza y delicadeza de las máscaras. La riqueza de las telas y bordados que se ven en las fiestas y las calles de la ciudad de los canales llenan de brillantez y preciosismo cada rincón.

Desde el siglo XVII Venecia celebra el carnaval y las calles se llenan de los típicos personajes venecianos, como Arlequín, Colombina y Polichinella, protagonistas de las comedias del Arte que mantienen en la ciudad ese toque barroco tan especial.

Máscaras románticas, rictus serios, tristes o nostálgicos, siempre penetrantes, siempre de nácar, se complementan con trajes de ricos brocados, satenes y plumas. Tonos efectistas que siempre compiten con el rigor más absoluto del negro.
 

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