Los pies suelen ser unos de los grandes olvidados en el cuidado y la atención de nuestro cuerpo. Aguantan nuestro peso al largo de toda la vida, permitiéndonos la movilidad gracias a una de las mecánicas más complejas del cuerpo humano.

En los pies encontramos miles de terminaciones nerviosas y en su planta se reflejan esquemáticamente la totalidad de los órganos y partes del cuerpo humano. También nos devuelven la imagen inversa de los hemisferios cerebrales. La reflexología utiliza este espejo como terapia de refuerzo de las funciones corporales y para el tratamiento de zonas concretas que requieren atención o equilibrio.

Según la tradición oriental en este órgano motriz también se acumula la energía ying y yang del cuerpo, así como el equilibrio material y emocional de la persona, y todos sus puntos energéticos, los chacras.

Así en el pie izquierdo encontramos la energía femenina, el yo emocional y los procesos creativos; en el derecho, el yang masculino, el yo material, la energía racional y lógica.

Su forma y las posturas que utilizamos con ellos son parte del amplio porcentaje del lenguaje no verbal con el que nos relacionamos con nuestro entorno y muestran principalmente nuestra actitud ante la vida.

Simbólicamente los pies revelan nuestra capacidad de evolucionar. El temor al futuro, las dudas sobre nuestro modo de avanzar por ella o nuestra firmeza a la hora de tomar decisiones se manifiesta a través de nuestra forma de caminar o utilizar estos órganos.

El desequilibrio de estos procesos psíquicos repercute en cantidad de ocasiones en problemas o dolores en nuestros pies. Así que estos exploradores natos merecen un cuidado y una atención diaria. Podemos cuidar de ellos de forma sencilla y natural sin que este acto requiera de un especial esfuerzo o limite nuestro tiempo.

Por ejemplo, un masaje de aceite de coco todas las noches antes de acostarnos nos ayudará a disminuir el estrés relajándonos tanto a nivel físico como emocional y procurándonos un sueño tranquilo y reparador.

Unos sencillos baños dos o tres veces por semana por ejemplo con leche tibia o aceite de almendras también tendrán un efecto tranquilizador y equilibrante.

Para recuperar su suavidad y deshacerse de una piel seca y maltratada podemos utilizar una mezcla caliente preparada con tres cucharaditas de miel y una de aceite de ajonjolí.

Si nos habituamos a esta sencilla atención podremos disfrutar de la belleza de unos pies cuidados y sanos a la vez que nuestra salud emocional y nuestra actitud psíquica se benefician de la innumerable cantidad de recursos creativos que proporciona una mente y un cuerpo en perfecto equilibrio.