Es chistoso pensar que tu vida se ha vuelto materia de reportaje, de columna, casi de ficción. Como actriz, estoy acostumbrada a analizar la vida de otro, de algún personaje externo. Pero ahora, me siento semana tras semana frente a una computadora a analizar la vida de este personaje llamado Valeria Maldonado, y busco cómo entretenerlos, conmoverlos o simplemente no aburrirlos con mis aventuras, dudas, decisiones... aquello que yo llamo “mi vida”. ¿En qué momento empecé yo a vivir algo digno de contarse?

Sea como sea, mi aventura continúa en Los Ángeles, donde día a día busco aquello tan cotizado: el trabajo. Después de mi primera audición, quedé satisfecha. Sabiendo que uno hace diez mil audiciones para lograr que lo contraten en un trabajo, que el camino es largo y más en esta ciudad.

Así que entenderán mi sorpresa cuando, a los dos días recibo una llamada a mi celular, informándome que estaba contratada como actriz en la obra de teatro y que los ensayos empezarían inmediatamente.  ¡QUE ME HABÍAN DADO EL PAPEL! Me habían dado el papel en mi primera audición... absolutamente increíble!

A seguir trabajando, y a los tres días, se aparece mi segunda audición: una película independiente, buscando quien interpretara a una mamá joven chicana de 19 años; el tipo que pertenece a una pandilla violenta y que habla con un acento de la parte ruda de la ciudad. Pedían verme a mí, que lo único que tenía en común era el ser latina y, mujer. Una voz adentro de mí decía “nunca te lo van a dar”. Así que me lancé sin presión, a jugar.

No sé cómo explicarles el momento en el que sonó mi teléfono con la noticia de que este papel también me lo habían dado. Estaba cruzando el patio de mi casa, bolsa en mano y tuve que soltar todo para, sin pena alguna, brincar, bailar, y gritarle GRACIAS a la luna californiana que me sonreía desde arriba. Dos audiciones, dos papeles. UN MILAGRO. Quizás por eso me animo a contarles mi historia, para ver si así me la creo yo.