Pues no puedo decir que me sorprendió mucho la noticia de que Paulina Rubio y su aún esposo Colate se separaran y estén a dos del divorcio. La verdad, era como la crónica de una muerte anunciada. ¿Se acuerdan lo que escribí en la columna del año pasado?, cité textual las predicciones de Mhoni Vidente:

Paulina Rubio “es definitivo que seguirá teniendo muchos problemas con su marido por culpa del dinero, pero ella tendrá que esperar a divorciarse hasta conocer a alguien más y sentirse más fuerte. La veo embarazada, pero no será de su marido, será de un artista americano y tendrá niña. El origen de su hija se sabrá después. Rondarán rumores en torno a la sexualidad de su marido, a quien se le relacionará con un futbolista. En general, será un año de muchos chismes para Paulina, intrigas y demandas en cuestiones laborales”.

No sé exactamente a qué se deba el rompimiento, si sea definitivo y si el resto de la predicción se vaya a cumplir, pero definitivamente yo nunca me creí el cuento de que ahora la Chica Dorada sería una mujer de casa, madre consagrada y abnegada esposa. Y es que las posibilidades a sobrevivir al matrimonio siendo exitosa, adinerada, guapa, mimada y quejumbrosa son muy pocas. Además, no creo que Colate sea el esposo modelo, ni tan acomedido, generoso, galán, proveedor y amoroso como se esperaba. Y es que casarse es cosa seria y, sobre todo, difícil.

La cadena española Antena 3 en un reconocido programa, Espejo Público, que se distingue por ser prensa amarilla pollo (que hace ver a la mexicana como juego de niños), aseguró que no habrá reconciliación y que Colate podría haberle sido infiel a Paulina durante la boda de Jose María Aznar Jr., a la que acudió con una amiga, pues la cantante estaba muy ocupada en la promoción de su nuevo disco Brava. Otros dicen que no es por infidelidad, simplemente son diferencias irreconciliables y aseguran que el empresario ha revelado que Rubio es muy excéntrica y eso la hace “insoportable”.

Por el momento, ni uno ni otro ha hecho comentario alguno al respecto. Paulina y su pareja han decidido comenzar a vivir por separado, ella en Miami y él en Madrid, de hecho, ni siquiera se reunieron para celebrar la Navidad.