Mariana Gómez del Campo, diputada del PAN

Daniel Aceves, ganador del Premio Nacional del Deporte en 2011 y Medallista Olímpico, interpuso dos quejas ante las contralorías del Instituto Electoral capitalino (IEDF) y del Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (Conapred) porque el término “chilango” le pareció peyorativo y discriminador en la campaña Vota chilango lanzada para promover el voto de los capitalinos en el exterior.

Esto debe verse desde dos perspectivas: la primera, lo que tiene que ver con el uso del lenguaje. La Real Academia Española lo reconoce como un adjetivo de uso coloquial no formalmente como un gentilicio, el término adecuado para quienes vivimos en el Distrito Federal es “capitalino”, incluso la palabra “defeño” también está reconocida pero es impropia.

El segundo análisis es si el término es ofensivo o daña la dignidad de las personas, hay que decir que para muchos puede o no resultar incómodo, lo cierto es que las instituciones públicas deben ser cuidadosas del lenguaje y si el término chilango no es preciso entonces no tendría razón de ser usado para una campaña oficial.

En México más allá del lenguaje, enfrentamos situaciones muy dolorosas como el desprecio hacia las comunidades indígenas, el maltrato a las mujeres, niños y adultos mayores o el abandono de quienes padecen pobreza. Eso debe cambiar, quizá estos debates contribuyan en algo.

El domingo anterior enviamos un tráiler con los alimentos y artículos de primera necesidad que colectamos con ayuda de muchos capitalinos y de los diputados del PAN para ayudar a nuestros hermanos tarahumaras. Los invito a que sigamos enviando ayuda para que puedan superar estos momentos difíciles. Espero tus comentarios a través de mi cuenta en Twitter @marianagc. Te escucho y actúo.

Alicia Téllez, diputada del PRI

La palabra chilango es un con­cep­to poco claro; al momento de aplicar las leyes no se establece claramente su definición ade­más de considerarse peyora­tivo. Nos parece a los que vivi­mos en el DF que esa palabra, ciertamente, es ofensiva, con lo que se requiere de su exacta definición.

Sobre el medallista que presentó la queja, tiene toda la razón de acudir a las instancias legales para dirimir las cuestiones que le parecen ofensivas.

Sabemos que la palabra chilango siempre ha tenido connotaciones negativas para los que habitamos en la Ciudad de México. Al hacer señalamiento en el sentido de que un capitalino es chilan­go, se entiende que es excluido cuando viaja o radica en cualquier entidad de la República Mexicana. El concepto también ha tomado, en los últimos años, cartas en el asunto en el DF.

Actualmente las nuevas generaciones capitalinas así como algunos medios impresos aplican este término ya que se sienten identificados con el mismo. No estaría de más que el tema sea seriamente analizado e inclusive realizar foros y debates con el fin de esclarecer el término que, muchas veces, al ser pronunciado molesta a quien se dirige el calificativo.

En nuestra cultura, lo chilango ha sido difícil de digerir para los habitantes que vivimos en la capital, aun la palabra defeño no es lo suficientemente aceptada por quienes habitamos aquí.
Una observación: ¿aquellas personas que durante toda su vida han vivido en alguno de los 31 estados y que, por diversas circunstancias se ven obligados a radicar en el DF se les debe definir como chilangas? Lo anterior en cuanto a que el térmi­no se utiliza mucho en provincia.

Sabemos que el Instituto Electoral del DF, abrió sus espacios a los mexica­nos para que voten, a quienes viven o laboran en otros países, princi­palmente en EU y Canadá. Estamos de acuerdo en que sufraguen, pero no aceptamos que se diga voto chilango. Las leyes deben ser claras en todos sentidos y términos para que lo coloquial, aun en sus mejores intenciones, no termine siendo materia de tribunales.

Alejandra Barrales, diputada del PRD

El concepto chilango lo asumimos como el gentilicio de quienes nacimos en el Distrito Federal, incluso hoy es motivo de orgullo, porque ser chilango es sinónimo de cosmopolita, abierto, liberal, vanguardista.

Quizá hace más de tres décadas el término chilango se utilizaba con desprecio hacia los habitantes de la capital, pero como bien nos enseñó el padre de la lingüística, Ferdinand De Saussure, la lengua es todo un proceso social, por ello los signos lingüísticos y las palabras son mutables en el tiempo.

Las cargas culturales hacia los conceptos cambian con el tiempo y tenemos muchos ejemplos, la palabra chilango es uno de ellos. En el Diccionario de mejicanismos de Francisco J. Santamaría se explica que el origen viene del concepto maya xilaan que quiere decir pelo revuelto, encrespado; en la cultura popular se han tejido muchas definiciones que poco a poco adquieren un valor diferente entre la población.

El chilango es el capitalino, el defeño, que vive en la urbe más importante del país, entre los bloques de concreto y asfalto, que viaja en metro, que se mueve entre la multitud, que vive a las prisas, que lo mismo come tortas de tamal o visita bares en Polanco, va a ferias del libro o muestras de cine, estudia en escuelas públicas o privadas, igual todos somos chilangos.

Por eso llama tanto la atención el recurso que interpuso Daniel Aceves que considera que es peyorativo usar este concepto en la campaña Vota chilango que impulsa el IEDF para convocar a los capitalinos que viven fuera del país a votar.

Será el Instituto Electoral y la Comisión Nacional para Prevenir la Discriminación la que defina si procede o no esta queja. Considero que una inmensa mayoría nos sentimos chilangos y orgullosos de serlo.