COLUMNA: "Hermosa carretera mexicana asesina", columna de Diego Osorno

Un hombre alto de aires vaqueros, gruesos lentes de aumento y bigote cano con un trazo perfecto habla del otro lado de la barra del Café Nuevo Brasil, en el centro de Monterrey. Se llama Mario Rodríguez Platas. Mario es activista. No un activista de esos radicalmente ensimismados y con ausencia de conciencia crítica, me queda claro cuando dice que es gay y que es priista, combinación que nunca había escuchado que alguien asumiera y relacionara de una forma tan seria con la que lo hizo este hombre de voz enronquecida en aquella cafetería.

De hecho Mario es regidor suplente por el PRI en el Gobierno de la capital de Nuevo León. Se trata de uno de esos raros políticos de acción, que se asume de izquierda y que ha optado por navegar las oscuras aguas del pragmatismo priista.

Ningún partido mexicano tiene tantos políticos gays en su cúpula como el PRI. A pesar de eso, el PRI es el único partido que parece no tener una posición definida sobre temas de diversidad sexual. El PRD está abiertamente a favor de los matrimonios entre homosexuales, y el PAN –¿qué podría esperarse del PAN en un tema así?– en contra. ¿Y el PRI? El PRI como dice una cosa, dice otra.

En esta ambigüedad priista (por supuesto, lo sabemos, no exclusiva en el tema de los derechos homosexuales), Mario ha emprendido una lucha para intentar que dentro del partido más antiguo de México se inicie este debate importante aún pendiente. Para ello, Mario promueve la creación de una Comisión de Diversidad Sexual en el interior del PRI.

Ésta puede parecer una lucha quijotesca, pero en el país de los molinos de viento, la verdad es que no le ha ido tan mal a Mario, quien organiza excursiones esporádicas a la Ciudad de México, para cazar en pasillos y oficinas del viejo edificio priista de la avenida Insurgentes, a nuevos aliados.

Uno de los más importantes que había conseguido acaba de fallecer de forma sorpresiva: el doctor Jorge Carpizo, ex procurador general de la República, quien, aunque mantenía un bajo perfil público, era un importante asesor legal de diversas luchas lésbico-gays del país. No sólo priistas.

hay quienes, aun sin ser gays, han apoyado la creación de la Comisión de Diversidad Sexual del Revolucionario Institucional. El ex presidente priista Humberto Roque Villanueva (sí, el de la Roqueseñal por el IVA), firmó y respaldó a Mario en esta propuesta, todavía pendiente de analizar por el Consejo nacional del partido.

En cambio, otros dirigentes, de los cuales la comunidad gay esperaba mucho, decepcionaron rotundamente. Sobre todo Beatriz Paredes, quien durante su presidencia no sólo no hizo nada para abrir dicho debate, sino que permitió una avalancha de contrarreformas en diversos estados del país, para impedir el aborto y el matrimonio entre personas del mismo sexo.

Pero Mario no le tiene rencor a Beatriz Paredes ni a gobernadores, senadores y alcaldes priistas que son gays y que no sólo no lo reconocen públicamente como él, sino que en muchas ocasiones se convierten en un estorbo para el avance de la discusión del tema. Mario parece tener un alto espíritu democrático, una convicción apasionada por su lucha y un respeto de las convicciones ajenas. Es un activista gay que no trata de forma emocional el asunto de la diversidad sexual.

Sabe que alguien tiene que luchar por los gays del PRI.

P.D.

Morir de pie

La periodista Jacaranda Correa llevó al cine la historia de Irina Layewska en el notable documental Morir de pie (2011). Irina –antes de ser Irina– era un joven luchador comunista, simpatizante de la revolución cubana, que con el paso de los años y del tratamiento de una dura enfermedad que lo tiene en silla de ruedas, se convierte en transexual y decide luchar contra la discriminación en México.

Contrario a lo que pueda pensarse, las izquierdas no son las planicies idóneas para que las recorran, sin problema alguno, esas luchas por el reconocimiento de la diversidad sexual, que en el PRI de Mario Rodríguez Platas parecen tan complicadas.

Hay señores de izquierda, machos de pacotilla, atarantados con visiones dogmáticas, que se resisten a tomar en serio esta discusión en sus espacios políticos. En el extremo están unos pocos comunistas longevos mexicanos que odian a amigos o familiares que un día les dicen que son homosexuales. Como sucedió con Irina Layewska.

Y como sucede con tantos otros revolucionarios.

LA HISTORIA DE LA FOTO

Postal

Esta fotografía la tomé en noviembre de 2006 en el centro de Oaxaca, varios meses y varios muertos después de que comenzó aquella rebelión contra el PRI. Esa rebelión cimbró a la ciudad y la dejó asustada, pero más digna. Años después, al fin el PRI fue echado del Gobierno, con todo y Ulises Ruiz Ortiz, uno de los peores gobernadores que ha habido en México. Y vaya que el de los malos gobernadores mexicanos es un ranking muy competido.

Sin embargo, años después la falta de justicia sigue siendo muy grande. Asesinatos políticos, desapariciones forzadas y corrupción galopante de la era priista no han sido suficientemente investigados por el nuevo Gobierno de Gabino Cué. Que además ya ni es tan nuevo.

Por eso esta primavera, en el remoto país de Finlandia, se pondrá una denuncia penal contra el ex gobernador priista, por el financiamiento de grupos paramilitares que mataron a tantas personas, incluido un joven activista finlandés llamado Jyri Jaakkola.

A ver si en Helsinki sí.