Berlín, la capital de Ale­mania, estuvo dividida durante 28 años por un muro que, este 2009, cumple 20 años de haber sido derribado.

Hoy en día esta ciudad es, quizás, una de las más modernas de Europa; sin embargo, algunas de las marcas dejadas por el muro y la división persisten. Tome una bicicleta y recorra los lugares ocultos y llenos de historia de una época casi olvidada.

Berlín del Este, 9 de noviembre de 1989. Un grupo de habitantes de Alemania Oriental, del barrió de Prenzlauer Berg, se agolparon en el cruce fronterizo en el Bornholmer Strasse, para escuchar la declaración del vocero del Gobierno Günter Scha­bow­s­ki, en la que se anunció que se permitiría transitar libremente por la República Federal de Alemania.

En ese momento comenzó el flujo por el puente fronterizo y también se abrió el primer boquete en el muro.
El bloque oriental se desmoronó como un castillo de cartas.

Veinte años después, en el lugar parece haber muy poco rastro de los eventos que iniciaron la caída del muro y del régimen comunista. De hecho, sólo hay pedazos del muro, el cual fue destruido en nombre de la libertad.

Restos
El Prenzlauer Berg, un barrio de tradición obrera en el siglo XIX, es el punto de partida para hacer un tour en bicicleta. Este distrito se convirtió en un sitio bohemio.

Circulando por sus calles se pueden encontrar bares, restaurantes, galerías y pequeñas tiendas.

Hay un trozo pequeño de muro todavía en pie, escondido entre los arbustos; persisten las instalaciones eléctricas y debajo permanece la red de seguridad, los cuales, son vistos como extraños objetos, casi piezas de museo.

Se recorren en bicicleta los rieles desde el puente del Bornholmer Strasse, hacia la calle Bernauer Strasse, lugar donde el joven guardia de 19 años de edad, Hans Conrad Schumann saltó la alambrada del muro todavía en construcción el 15 de agosto de 1961.

Este momento fue capturado por la cámara y reproducido por todo el mundo, ya que murió baleado.

El final
Los últimos cien metros de la pared permanecen en la Bernauer Strasse, donde también está la Fundación del Muro de Berlín, que da una perspectiva de la fuerte seguridad que tenía la infraestructura original.

Del otro lado de la calle, un museo y una torre de observación pueden ser visitados sin costo.
Otra paseo obligado es el museo en el antiguo paso fronterizo de los extranjeros diplomáticos, el Checkpoint Charlie, que narra las historias de las muchas maneras en que la gente trató de escapar hacia el Oeste.

Además de la facilidad de encontrar miradas del muro como la iglesia en la Bernauer Strasse, que fue volada en 1985, en varios edificios, todavía pueden verse orificios de balas del final de la Segunda Guerra Mundial. Las postales se venden conpequeños pedazos del muro encapsulados como recuer­do.