Cuántas veces has sentido que el ácido y el alimento regresan del estómago hasta tu garganta, lo cual te ha ocasionado una sensación de ardor a lo largo del esófago...
A esto se le conoce como reflujo. Es decir, cuando se regurgita (o regresa) el contenido del estómago hacia la garganta, debido a una deficiencia en el esfínter inferior del esófago, encargado de abrir y cerrar para permitir el paso del alimento sólo en dirección del estómago.

Cuando éste se presenta acompañado de agruras da una sensación quemante detrás del esternón.


¿Qué lo produce?
Existen factores que favorecen el reflujo: comer deprisa, en exceso, ingerir alimentos grasosos, con mucho condimento o picante, dejar al estómago sin comida por largos periodos y algunos tratamientos farmacológicos, entre otros. De manera común, el reflujo incrementa al agacharse o acostarse, por un simple efecto de la gravedad. Sin embargo, cuando se vuelve un problema crónico y se presenta dos o más veces por semana, podría comenzar a hablarse de la Enfermedad por Reflujo Gastroesofágico (ERGE), explica la doctora Isabel Rucker, médico internista.

¿Qué hacer?
Las personas suelen tomar antiácidos, que si bien les ayudan a neutralizar los ácidos estomacales, no impiden que el contenido se regrese por el esófago. Este tipo de medicamentos ayudan porque al menos la sensación quemante de la agrura desaparece o se mitiga bastante, pero no es la solución idónea.
“Otros tratamientos incluyen a los inhibidores de la bomba de protones, que aunque su nombre suena alarmante, en realidad es un tratamiento para reducir en un gran porcentaje la producción de ácido en el jugo gástrico”, agrega la especialista.
Si bien los inhibidores de la bomba de protones cumplen con su principal función y logran que el regreso sea menos agresivo para el esófago, no se impide la regurgitación, por lo que estos tratamientos son más indicados para padecimientos como la gastritis.

Hay que prevenir
Para aliviar el reflujo, se sugieren medidas profilácticas como controlar el peso corporal, comer pequeñas y frecuentes cantidades de alimentos, evitar comer en las dos horas previas a acostarse y limitar el consumo de comidas condimentadas, entre otras medidas.

De no tratarse adecuadamente, la ERGE puede provocar desde irritación en la garganta hasta sinusitis, ronquera, tos crónica, inflamación de los oídos y erosiones dentales. En casos extremos, un reflujo mal atendido llega a ocasionar lesiones precancerígenas en el esófago o incluso cáncer, por lo tanto es importante tomar las medidas pertinentes a tiempo, que ayuden a prevenir complicaciones mayores.