Recuerdo haberme metido en grandes problemas con la marca Toyota, debido a mis comentarios con aquel llamado a revisión de aceleración involuntaria que la firma argumentó como falaz, pero que aún no concluye en Estados Unidos.

Los problemas para la empresa no han concluido y si poco faltaba para completar el cuadro era que a su automóvil insignia por el cual se volvieron famosos, el Corolla, le pasara algo. Esto que parece un mal sueño para la firma, se ha convertido en realidad.

El Corolla está siendo llamado a revisión por un problema en la soldadura del módulo de operación, que genera que se prendan los testigos del Check engine o bien que el automóvil se jalonee de manera involuntaria. Esto afecta los modelos 2005 a 2008. ¿Cuál es el problema? Que Toyota siempre se escudó en su bandera de calidad y confiabilidad y desde el caso de los muertos en los Estados Unidos por aceleración involuntaria la empresa no ha levantado el rumbo.

La ecuación es difícil para Toyota, dado que su activo principal era la confiabilidad y ahora no han pasado ni seis meses y otro de sus autos, en este caso, un superventas está en problemas. La firma experimenta su peor crisis en la historia, cuyo origen es la miopía de haber querido acelerar su producción para ganarle el liderato a General Motors durante muchos años.

Esa carrera por la supremacía mundial de ventas le está cobrando la factura. Una factura que puede llevar a la empresa a la bancarrota, si continúa con tantos problemas de calidad. El halo de confiabilidad de Toyota se ha visto vulnerado, al menos, por un tiempo largo y si a eso se suma una percepción de sus autos como “aburridos” o, poco atractivos, pues la cosa no está nada fácil.

En México la marca perdió un punto de mercado contra el año pasado y ha vendido 15% menos coches, comparando el período enero-julio 2009 contra 2010. En fin, yo que Toyota trabajaría a pasos agigantados buscando otra propuesta única de venta, ya que la confianza, una vez perdida, jamás es recuperada desde el asiento trasero.