La semana pasada tuve el gran placer de asistir al más reciente paisaje sonoro del maestro británico Brian Eno, músico, productor, teórico y artista plástico que ha vuelto a México con una súper exposición alucinante titulada 77 millones de pinturas.
Para quienes no lo conocen, Eno es un compositor de música electrónica que empezó tocando con el mítico Roxy Music. Tras abandonar el grupo, comenzó una carrera en solitario que partió del art rock para llegar a la música ambient y a todo tipo de experimentos de vanguardia.
Ha sido productor de artistas como Ultravox, U2, Camel, Coldplay y James. Ha colaborado con David Byrne, ex componente de Talking Heads y con David Bowie como letrista y compositor de la influyente Trilogía de Berlín, entre muchos otros artistas.
El caso es que, en su incesante búsqueda artística y siempre precursor de movimientos vanguardistas en el arte, ahora Brian nos sorprende con esta exposición de arte que consiste en una instalación de doce pantallas programadas por medio de un “software generativo” creado por él mismo.
Su formación como pintor es, quizá, el punto de partida de esta exposición, pues el ecléctico artista generó en el espacio de veinte años, trescientos sesenta imágenes entre pinturas, fotografías, dibujos y hasta imágenes creadas con Photoshop.
Luego, al usar todas estas imágenes con el software, éste las mezcla generando ¡Setenta y siete millones de posibilidades visuales! ¿Pueden creer eso? ¡Podrías estar sentado cuatrocientos cincuenta años frente a las pantallas y nunca se repetiría una sola imagen! Así que pueden imaginarse que la exposición es todo un alucine.
Presentándose en el museo Diego Rivera-Anahuacalli en la Ciudad de México, que ya de por sí es toda una experiencia arquitectónica, lo único que tienes que hacer en esta exposición es ir con tiempo para “echarte” —y perdonen la expresión— pero eso es lo que hay que hacer, echarse cómodamente en los sillones dispuestos para ello expresamente frente a las pantallas de la sala oscura del museo y disfrutar el espectáculo visual y sonoro que se despliega ante tus sentidos.
Como les mencioné, la pieza de arte audiovisual se sirve de un software desarrollado específicamente para seleccionar y mezclar elementos visuales, pero lo más increíble es que este software hace lo mismo sonoramente. La pieza acústica que acompaña al montaje, Ikebukuro, se comporta de la misma forma que los elementos visuales de ésta, es decir, crea un collage audiovisual. ¡Tienen que verlo!
Las imágenes van cambiando a un ritmo tan lento que tu ojo no puede detectar cuando están cambiando, y sencillamente, de pronto tienes frente a ti otra imagen que no sabes de dónde y cuándo salió. La exposición estará exhibiéndose del 24 de abril al 13 de junio. Si van a la Ciudad de México ¡no pueden perdérselo!













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