Sin duda, es uno de los procesos más denigrantes e inciertos en la vida de cualquier persona interesada en incursionar en la actuación. Pero, indudablemente, es esencial y compulsorio para continuar creciendo y trabajando en la industria.
Audicionar es como solicitar un trabajo, pero todos los días, múltiples veces al día, frente a un panel de jurados. En Hollywood, el proceso es largo y casi doloroso. Primero que nada, la mayoría de las veces uno mismo solicita ser audicionado. Sometes tu material (fotos, demos, resume, etc.) y, de ahí, el director o directora de casting decide si te quiere ver o no. Si eres escogido, entonces vas a la audicion y, ahora sí, que comienza lo bueno.
Entras a un salón (pasillo, cuarto, oficina o donde sea que se llevará a cabo la audición) y te encuentras con cientos de personas que, de alguna forma u otra, se parecen a ti. Todos te miran, todos juzgan y todos piensan “¿Qué tiene ella/él que no tengo yo?” o “Sin duda ¡yo soy mejor que ése/ésa!”. Así que, desde los comienzos, la tensión es completamente palpable.
Mientras esperas tu turno, tratas de concentrarte en el libreto, de calmar los nervios y de poner en práctica todo lo que, en clases o a través de experiencias previas, has aprendido. Luego, dicen tu nombre. El corazón va a las millas y te aseguras que “Este trabajo es tuyo”. Entras y hay una cámara (o varias) y completos extraños observando cada uno de tus movimientos.
Miras a la cámara, haces y dices lo que llevas ensayando por días y cruzas los dedos para que todo tu esfuerzo y dedicación rindan frutos. En fin, ahí dejas tu alma.
Sales. Todos te vuelven a mirar. Pero, esta vez, con esperanzas de que les digas qué te preguntaron o qué te hicieron hacer. Te vas, y mil veces repasas lo que hiciste, y dependiendo cuán bien te fue, te felicitas o te molestas contigo mismo. Te montas en tu auto, te encaminas a la próxima audición y el proceso se repite, se repite y se repite.
Por ende, la pregunta nunca es si audicionó o no, la pregunta es ¿cuánto amas lo que haces?.
Sin duda que los que estamos en esta industria y nunca nos damos por vencidos, amamos nuestro arte. Porque, créanme, que pasar por este proceso día tras día no es fácil. Pero el resultado es mágico.












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