La experiencia de ser madre es indescriptible, y las artistas no se exenta de esta maravillosa situación. Aunque siempre me ha llamado la atención cómo las famosas tienen hijos como quien saca un molar y regresan a la pantalla en talla cero en un abrir y cerrar de ojos. Es lógico, pueden y deben lucrar con su perfecta figura, un rostro envidiable y su vida de ensueño. Y definitivamente, una de las cotizaciones más altas del mercado son los embarazos. Pero cuando leo los artículos de “Entérate cómo las famosas se preparan para ser madres” o “A dos meses de dar a luz, de regreso a las pasarelas”, me dan unas ganas de gritarle al resto de las que somos madres que eso se debe a muchas cosas.

Se debe a que la mayoría, conscientes de lo que significa el sobrepeso en el mundo artístico, se rentan cualquier cantidad de masajistas, nutriólogos, chefs y entrenadores físicos, asisten a los mejores spas y clínicas de belleza después de ser madres, y por supuesto, una que otra se da su ayudadita con el cirujano plástico. Y  conste que no les estoy quitando crédito de voluntad, ¡no es nada sencillo! Pero cabe aclarar que jamás lo lograrían si no fuera por las nanas, enfermeras, choferes y ayuda doméstica que reciben del personal de servicio. Otro truquito que a veces no recordamos cuando nosotras nos encontramos en el octavo mes y parecemos una especie de híbrido de Kung Fu

Panda y el Hombre Verde  –invadidas por várices, celulitis, paño, estrías, inflamación y abotargamiento– es el Photoshop que les da una ayudadota a estos seres impecablemente embarazados. Además, se nos nubla el entendimiento con tanta hormona y nos creemos el cuento de que los embarazos de las estrellas son diferentes a los de uno.  Si no me creen, vean a Paulina Rubio más bella que nunca, o Celine Dion que, después de muchos intentos fallidos a sus cuarenta y córrele de años, ya espera a sus gemelitos. Conclusión: se necesita harto dinero, voluntad, ayuda, contactos y conocimiento para salir airosa del embarazo y todo regrese a su lugar.

Así que aplaudo a las mujeres, que a pesar de no deberse a su imagen y no ser figuras públicas, vuelven a sentirse bellas y complacidas con su cuerpo, sin tener ni la cartera, ni la ayuda y mucho menos el tiempo que tienen las famosas; contando sólo con los remedios de la abuela y el ejercicio de cargar las bolsas del super y subir escaleras, con bebé, pañalera y carriola, apoyándose en dietas con base a ayunos y desveladas para cuidar a los hijos. Portando con orgullo cada estría como trofeo, que les recuerda lo sexys y bellas que fueron en su embarazo.