El buen teatro mexicano se hace presente igual que Fidel Castro, quien opina de todo. Los que no aportan nada son Beatriz Paredes y Jesús Ortega.
En estos días vi dos musicales mexicanos, ambos muy buenos. Uno se llama Mentiras y es de lo más ochentero que hay; el otro lleva el desafortunadísimo nombre Timbiriche que no transmite absolutamente nada y da flojera irlo a ver. Salvo el error garrafal del nombre, la obra es muy buena. Ambas son un acierto del teatro mexicano y hacen pensar en que tal vez sí sea factible ese proyecto antiguo de hacer de la Ciudad de México el Broadway en español. Se las recomiendo.
Castro y la impertinencia Quién sabe qué le pase a Fidel Castro que ahora, víctima de la senilidad o de la franca impertinencia, se pone a opinar sobre la teoría de que “el imperio” le arrebató el poder a Andrés Manuel López Obrador en México. Este señor, tan metiche como La India María, debería de irse a su casa a cuidar a sus nietos y dejar de meterse en lo que no le importa. Lo bueno para él es que sus apologistas lo defenderán diga lo que diga, aunque tenga las manos manchadas y la autoridad moral de Marcial Maciel para hablar de respeto a la democracia.
Partidos ratoniles Fue buena la idea de Felipe Calderón de invitar a los líderes de los partidos políticos a debatir sobre la inseguridad en México. Lástima que Beatriz Paredes haya ido a esa reunión con los apuntes para ir a otra. Se ve que no entendió nada. Se la pasó quejándose porque el Gobierno acosa a los “honestos” gobernadores priístas y de seguridad ni habló. Y Jesús Ortega fue a cobrar agravios sin aportar nada. En su lugar hubieran invitado al payaso Platanito, tampoco hubiera aportado nada, pero por lo menos nos hubiera hecho reír.












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