Las parejas que aceptan esta nueva forma de convivencia, desde luego son personas con una gran madurez que conocen lo que quieren y lo que no para su vida y saben entregarse al amor, conocen la lealtad y poco a poco, se van necesitando más y más, incluso sus encuentros pueden ser más cercanos y alcanzar momentos inimaginables, todo gracias a la magia que encierra el mantenerse lejos de la rutina.

A muchos les parece que la firma del documento matrimonial, es la tumba del amor y no están del todo equivocados.

Cuando una pareja se llena de obligaciones o tiene que ceder o renunciar en varias situaciones y le sumamos las responsabilidades económicas, sociales, familiares, el amor se va minando, lentamente y se convierten en un par de compañeros de vida.

Este modelo de vida sería aconsejable para aquellas parejas en segundas nupcias, mujeres divorciadas con hijos, hombres en igualdad de circunstancias y con poco poder adquisitivo para formar una nueva familia, muchas veces resultado de una demanda de divorcio en que la mayor parte de su sueldo lo tiene que utilizar en gastos comprometidos para el sostén de sus hijos (escuelas, viajes, uniformes, etc.).

Sería una solución para rehacer una vida, con nuevas expectativas de lograr el amor verdadero y de acuerdo a las necesidades de ambos, poco a poco, puedan reiniciar una existencia juntos.

Lo anterior es también un tipo de plan “B” para aquéllos quienes están hartos de besar princesas dormidas y para aquellas que al igual se encuentran cansadas de besar sapos y ver que en vez de príncipes se ¡convierten en ajolotes! ¿No es buena opción convivir aleatoriamente?

Créanme que más pronto de lo que se imaginan sabrán si la fémina en cuestión jugaría buen papel de compañera o sería mejor seguir con ella como los toros, que de lejecitos se ven mucho mejor.