Hace poco más de un año, empecé a escuchar que mis amigas hablaban de que iban a constelar para resolver algunos conflictos existenciales y personales, que estaban afectando sus relaciones de pareja.
Cuando asistían a esas “terapias”, no podían comentarlo con nadie de su entorno hasta unas tres semanas después, cuando empezaran a “moverse las fuerzas” y comenzara a acomodarse la situación. Mi curiosidad me llevó a investigar de qué se trataba este asunto.
Se basa en una teoría donde se afirma que todos los seres humanos estamos unidos energéticamente, porque pertenecemos a un sistema familiar, incluyendo a nuestros antepasados. Como todo sistema, está regido por leyes invisibles y puede haber una alteración inconsciente de las mismas que hace que nos identifiquemos con nuestros antepasados, tomando responsabilidades que no son nuestras; por lo tanto generan sufrimiento, enfermedad, fracasos, etc.
Cada ser humano trae en sí mismo toda la información de las vidas de las que procede tanto a nivel psíquico como físico. Es lo que llamamos herencia, y se encuentra en nuestros genes y en el inconsciente colectivo de nuestra familia y tiene la capacidad de ser transmitida de generación en generación.
Este conjunto de leyes naturales, familiares, sociales y espirituales que rigen el funcionamiento de los núcleos humanos es lo que Bert Hellinger llama los órdenes del amor.
Se dice que las constelaciones familiares van más allá de una terapia convencional y se supone que es un método más rápido para solucionar conflictos, ya que, dicen, se conectan con el alma, lo cual te permite ver en dónde se interrumpió el amor, para así iniciar un proceso de sanación profunda.
Para hacer una constelación, la persona presenta su problema. Después escoge a las personas del grupo que representarán a los individuos que estén implicados. Estos “representantes”, se supone, son guiados por los movimientos del alma y revelarán la realidad del sistema familiar, completando con frases y movimientos sanadores que muestran una imagen mas armónica y en sintonía con el amor y el propio destino.












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