Una de las hipótesis que guían las políticas públicas que están siendo implementadas por el Estado mexicano radica en que la educación formal es un instrumento eficaz para combatir la pobreza, ya que permite a las personas, que se encuentran en condiciones socioeconómicas precarias, desarrollar las capacidades que necesitan para abandonar la situación en que se encuentran.

Éste es uno de los principales propósitos del programa actualmente denominado Oportunidades, que administra la Secretaría de Desarrollo Social (Sedesol). En el ámbito estrictamente educativo, este programa apoya específicamente a los niños y jóvenes para que asistan a la escuela y permanezcan en ella hasta la conclusión de los estudios que hayan emprendido. Por tanto, es concebido como la piedra angular en la ruptura del círculo vicioso de la pobreza.

Con el fin de someter a prueba dicha hipótesis realizamos una investigación apoyada en el supuesto de que, para que el programa contribuyera a lograr el objetivo mencionado, sería necesario lograr que los rendimientos académicos obtenidos en aquellas escuelas en las cuales los alumnos becados representan mayores proporciones, se aproximaran a los rendimientos observados en las escuelas cuyos estudiantes gozaran, en general, de mejores niveles de vida.

Sin embargo, encontramos que estos colegios en los que los alumnos becados son más numerosos, obtienen rendimientos académicos inferiores a los de otras que se encuentran en la situación contraria. Esto puede ser atribuido, muy plausiblemente, a que el programa mencionado no está siendo acompañado por las medidas –de índole pedagógica– que hubieran sido indispensables para generar los resultados esperados.

Otra investigación que realizamos sobre el mismo tema, también obliga a reexaminar el papel del componente educativo de Oportunidades. En efecto, esa investigación confirmó que una educación de buena calidad es una de las condiciones esenciales para impulsar la movilidad social de los estudiantes que se encuentran en condiciones de pobreza, pero también confirmó, una vez más, que para poder lograr ese objetivo la educación tiene que acoplarse con otras políticas encaminadas a promover el desarrollo socioeconómico de las localidades marginadas.