Tras la transmisión, me quedé pensando en algunos momentos que me parecieron desconcertantes, pero bellas ironías de la vida. El que más me mueve es el caso de Sandra Bullock, ganadora este año del Oscar como Mejor Actriz Principal por su actuación en la película Un Sueño Posible. Imagino que el primer Oscar de tu carrera debe de saberte a gloria, esa noche debes de llegar a casa a dormir como un bebé, con tu ego satisfecho y alas en tu corazón.

Sin embargo, me pregunto ¿qué pasaba por la mente de Bullock cuando mencionaban su nombre como ganadora de la codiciada estatuilla? después de que una noche antes de los premios Oscar, la Fundación Golden Raspberry, que en tono de burla nombra a los ganadores de los malos logros cinematográficos ¿le entregara un premio Razzie como la Peor Actriz? Me enterneció por eso su frase inicial en su discurso de agradecimiento: ¿Realmente me gané el Oscar o me están jugando una broma?. ¡Confieso que tanta inocencia me quebró en mil pedacitos! Y sobretodo su humildad para aceptar lo que la vida te trae y agradecerlo así, sin más. Sólo dos veces en toda la historia de los premios Razzie los actores ganadores se han presentado a recoger su humillante premio: Halle Berry por Gatúbela y, ahora Sandra Bullock.

¿Cómo debe de haberse sentido tras ver su trabajo aplastado así? Nada más irónico podía pasar, que una noche después estuviera de pie recibiendo de la Academia el Oscar como Mejor Actriz. Eso puede volver loco a cualquiera ¿no? O también puedes, sencillamente, no aferrarte a nada y dejar que la vida te muestre sus sorpresas. Al final, la carrera artística es una montaña rusa: subes y bajas una y otra vez; es un estire y afloje que no termina jamás.

La segunda bella ironía fue la ganadora del Oscar por la Mejor Película. A pesar de que Avatar era, por mucho, mi favorita, me place sobremanera que The Hurt Locker se haya llevado la estatuilla este año. Como artista independiente me alegra que una película, así mismo independiente y de bajo presupuesto, haya ganado frente a un monstruo financiero como Avatar. Hacía tan sólo seis meses que el equipo de The Hurt Locker no tenía ni siquiera claro quién iba a distribuir su película, y su único deseo era que a alguien le gustara su trama.

En su discurso de agradecimiento dijeron que ganar era “una lección de humildad”. Y yo recordé algo que una persona sabia me dijo hace no mucho: los grandes y verdaderos artistas nunca saben qué van a ser grandes, tan sólo hacen lo que aman hacer y lo hacen con el corazón. Lo demás viene por sí sólo. Estoy convencida de que sólo cuando no estás esperando la grandeza, ésta puede venir a ti. No me cabe duda, nunca sabes cómo ni de qué manera te llegará el éxito.