Hoy por hoy y a pesar de todos los cambios generadores de libertinaje y ligereza sexual y aun en la sociedad en que vivimos es difícil encontrar conceptos e ideas liberales.

Este ámbito que más allá de una boda entre personas del mismo sexo, explora terrenos que para muchos serían complicados y casi imposibles de aceptar y entender.

Con base en la carta de uno de mis lectores se desprende este artículo, puesto que al paso del tiempo la relación con su pareja se tornó cada vez más cotidiana, condición que empujó a ambos a la búsqueda de nuevas sensaciones, cayendo paralelamente en el “juego” de la infidelidad, explicación por parte del protagonista, se suscitó una singular situación en la cual la verdad salió a flote… Ahora ella tiene permiso total de él para salir y disfrutar todo tipo de momentos con el amante en turno.

Como es de esperarse y en apego a las leyes universales, a toda acción… una reacción, y ésta última toca las fibras mas profundas del singular marido que vive día con día en un mar de sentimientos encontrados, al grado de recibir llamadas de su esposa para ser avisado por ella misma de que no la espere temprano, que estará bien y que lo ama mucho.

Él, ante tal situación, experimenta cierto beneplácito sexual, al mismo tiempo que la duda lo corroe y lo lleva al extremo de querer cuestionar a su amada sobre cómo y cuánto disfrutó el encuentro con el implícito amante.

Finalmente toda esta oleada de extrañas emociones tienen al chico al filo de la desesperación, la culpa lo estigmatiza y pensar en la realidad de lo sucedido, lo coloca en una posición poco envidiable, puesto que no hay regreso a lo que una vez se atrevió a dar marcha.

Y viendo la otra cara de la moneda… ¿qué tal la pasa ella? Con amante de base, más surtido rico de galanes (amantes también) lo anterior con permiso y licencia del marido, ¡más todo pagado! Así seguramente ella jamás lo dejará, pero… ¿cuáles serán sus verdaderos sentimientos? Pregunta sin respuesta y difícil de descifrar.

Por lo pronto, mis queridos chicos, no le jueguen al europeo y cuiden a su esposa.

Recuerden que a nadie que se le dé pan, llora. No sea que lo que pudiese ser un juego divertido, se convierta en un juego sin control.